"Recuerdo cuando pensé que en el mundo, sólo podría hacerme feliz alguna vez, alguien como tú, nadie más que tú. Caminando en el frío me pregunto, si no ha nacido alguna chiquilla que no sepa amar y quiera intentar una nueva forma para amar..."
Nos volvimos locos con el sentir hormonal, la distorsión de las relaciones interpersonales, de la impaciencia que los adultos llaman "adolescencia", nos volvimos locos y comenzamos a soñar.
Soñar con un ideal fallido, con ser dueños del planeta, ser estrellas del rock&roll, la fama y el resentimiento, los azares y la conveniencias.
Siempre me da risa cuando escucho Paramar porque es tan amor adolescente que me conmueve, es como un sentir efímero que se compone de melodías rítmicas y un rockabilly infantil.
A tempo aún, talvez.
"Paramar, paramar, debes tratar de poco entregar. Paramar, paramar, tu identidad debes falsear. Paramar, paramar, siendo estúpido serás feliz. Paramar, paramar, debes evitar soñar, debes olvidar soñar"
Fue la primera canción de Los Prisioneros que memoricé su letra, fue la primera canción que canté en público sin verguenza y a capella, fue la primera canción que aprendí en guitarra, fue el primer sólo que interpreté, fue el comienzo de Pedazo de Plato o Mente Desierta (en sus inicios), fue la primera canción que sacamos, fue con la cual soñamos en convertirnos en estrellas del rock, de aprender a tocar instrumentos para hacer realidad nuestros sueños de infancia, fueron los primeros ensayos con ollas y platos, con una guitarra de bajo y un desgastarse la voz para que te escucharan. Apenas teníamos agallas para atrevernos a intentar la coordinación, apenas sabíamos los acordes, apenas sabíamos de música pero nos atrevimos igual y tras un arduo esfuerzo, conseguimos nuestro un paramar.
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