lunes, junio 28

yo se que nunca vamos a dejar

dime que tienen tus manos que aún no logro rehuir por completo las cenizas que dejan tus dedos al tocar mi piel en las noches.

flagelas mis palabras con tus uñas punzantes










es sólo un sueño.

ameno.










dime que tienen esos ojos pequeñitos en tu concentración artística y los lentes de contacto a la palidez de tus mejillas que aún no consigo mirar a través de mis ojos.







mírame despacio, dancemos.







me gustaban tus labios rojos y tus ganas de convencerme y tus ganas de odiarme, porque se hacían inmensos, esos ojos hermosos.







no sabes en cuantos futuros te veo nuevamente conmigo, princesa.





te sueño volver a mis brazos una y mil veces, pero en una pesadilla eterna.



deseo.











tengo pesadillas todas las noches, lo sabías?












amiga mía.

jueves, junio 24

Paris no está tan lejos

Bajo el cemento de la calle se esconde una profecía.
Misteriosa travesía que recorre el asfalto sobre la soberanía citadina.
En códigos, se descifra, un momento de memorias, esbozando una sonrisa irónica.

Bajo el cemento de la calle se oculta la bohemia del café,
recorrida por segmentos, la mujerzuela, la calle en compañía
no de tragos, no de unos cuantos pesos; en compañía, denigrante.

Sonaba despacio el acordeón y la seguía en el transporte público,
se enamoró de sus cabellos color macramé, de sus cabellos color degradé.
Sonaba el teléfono, que se quedó escuchando, la locomoción colectiva.

Giraba como luna llena, el flash de la cámara análoga.
Blanco marfil o de bajo perfil, radiante o moribundo
se bajaba el muchacho, muerto de risa, muerto de hambre de risa.

Veía en todas partes el color macramé y sus contornos
se sentaba impaciente en la bohemia del café denigrante
la locomoción colectiva se convertía en desenfreno aberrante.

La luna llena, giraba como el flash de una cámara análoga
se cayó el estiercol de arriba y se quedó pegado en el cielo
inconsciente e incesantes, lunas nuevas que retomen el cáncer.

Da tres giros súbitamente; de improviso corro a la embarcación,
me embarco, el marino siempre es marino, el contramaestre también lo es.
Juego luche y cachipún en el segundo; hay dados flotando en el mar.

París cantó Jazz todo el verano, no jugó al azar

París cantó Jazz todo el verano, cantó la Marsellesa no en vano.

Cuando salgo de mi barrio llego a una esquina sin callejón
bautizada con nombres de canciones en sus paredes voluptuosas
El rejoj llegó atrasado para el tiempo en esa cuneta, no adelantaron el paso.

Yo veo a los peces ensimimarse en el espejo del acuario
y conjugar verbos con constante indefinida, variable
determinación de quien rompe la identidad de un reflejo.

Paris no es sólo un ticket de embarco, Paris es un ticket de reparto.

No es tan difícil irse, hay un puente come cangrejos.
No es tan difícil irse, despegué como un cohete.
No es tan difícil irse, bajo el cemento se esconde una profecía.

París no está tan lejos.

Luche

Saber que ya no me dejas mensajes por los rincones de Santiago, demasiado obvios para estar escondidos. Y saber que ya no redactas a Catalina en tu cabeza, que no evocas los recuerdos, que desvías sus llamados, que ignoras su presencia.

Saber que ya no le escribes a ella. Son otros, ahora.


¿Cómo se te hizo tan fácil olvidar?


Quisiera que me obsequiaras, un regalo de buen gusto, algo de tu fortaleza. Enséñame a correr, enséñame, más que nada, a ser fuerte, que me cuesta tanto.

Acá, en mi barrio, todo es muy distinto. La vida no es dulce, es insípida. No hay olores, no hay matices, intento correr lejos, muy lejos, todos los días, pero creo que estoy en un laberinto y aún no encuentro la salida.

Enséñame el final, tú conoces el camino, ya terminaste el juego, pasaste a otro nivel o simplemente te marchaste en retirada.


Acá en la esquina, todo pasa muy rápido. Sé que del otro lado, a la vuelta de la manzana, está la playa pero no consigo ver el mar, aún no encuentro al pulpo.

Saqué la tiza del bolsillo de mi pantalón y dibujé un luche en el suelo.
Los números son algo estrechos y tengo sólo una piedrita pequeña para lanzar.
La palabra cielo se refleja con resplandor en el claro de luna.
Volver y empezar, una y otra vez.


No es agotador, aún te busco.
La frustración se dibuja en el asfalto, no hay reciprocidad.

La palabra cielo tiene todas sus sílabas pero no las veo. Sé lo que se lee, sólo por convención.
Talvez dibujé muy pequeño y aún está muy lejos de mi.


Oliveira veía a la Maga en todos lados.


Ayer me senté junto al club de rayuela a conversar sobre estrategias. Talvez me quedé sorda y no sé porque sigo sentada junto a ellos.


Oliveira veía a la Maga en todos lados.
París está muy lejos.

martes, junio 22

6 Paramar [no hay da capo pero sí final]

"Nunca pensé que justo este invierno, sería el más frío que he visto pasar. Yo no sirvo paramar"

No sé de que nos quedamos petrificados si nos estamos moviendo.
No sé de que heridas nos escondemos si figuramos en un espacio cerrado.

No sé de qué ni de dónde, no sé donde quedó la ilusión.
No sé donde quedó la amistad y los recuerdos.
No sé cuando acabará el amor que profeso a la doncella.
No sé cuando nos separaremos, Amapola, porque no habrán despedidas.
No sé cuando nos volveré a ver si siempre nos vamos lejos.

No sé porque nunca conseguimos ser estrellas del rock.
Talvez matamos a nuestro papá y nos robamos un auto para asaltar el casino de Viña y dejamos el cassette de Los Prisioneros en el asiento trasero.
Talvez se quebró el espejo retrovisor.

4 Paramar [¿dónde oí esa palabra antes?]

"Amor, amor, ¿dónde oí esa palabra antes?. Rehice por ti mi horario y compré más calendarios. Me pase un video en tres dimensiones con un final feliz, traté de inyectarme mi viejo optimismo pero ese que resultó, aún era yo, listo paramar."

Me enamoré de una mujer color indigo. Me enamoré de una mujer de los labios pálidos y los ojos pequeños, con la mirada ausente pero con una sonrisa omnipresente. Me enamoré, se enamoró y enloquecimos de amor. Talvez demasiado intenso para contenernos, demasiado fuerte para querernos, demasiado immenso para los tormentos, tanto, demasiado que no supimos como abordarlo. Se arrancó de nuestras manos, talvez tomó vida propia y lo perdimos en sus intentos acertivos de volar y ser libre.

Me quedé sentada, entonces, esperándola en una esquina de Santiago para reencontrarnos y prosperar en armonía pero aún no ha llegado, me quedé congelada esperando.

"No es la primera vez que terminas con alguien, Catalina", me suena tanto en la cabeza como un "es sólo otro loco amor adolescente que se olvidará con el tiempo" que me duele el estómago y me dan ganas de vomitar. Me quedé sentada de cabeza para no pensar tanto y desmayarme a causa de la mala circulación, pero siguo consciente y la evoco en las noches, aún. Porque para mi no fue sólo "otro más", ni una locura pasajera, ni un evento provisional. Yo si rehice mi horario y compré más calendarios. También me pasé un video en tres dimensiones con un final feliz. Y aunque traté de dejar de ser yo e inyectarme una dosis abundante de optimismo, no resulté ser lo que quería y seguí siendo yo y seguí pensando en ti y lista para am(arte).
No podré olvidarte porque dejaría de ser y no tengo el valor para destruirme porque guardo los más preciados recuerdos de una princesa color indigo, de los "tu&yo, somos magia", de los septiembres y sus meses sucesivos, de salir a encontrarnos y evadirnos del mundo, de crear nuestro propio espacio y no necesitar nada más que a ti.

Hubiese preferido un "hasta pronto", Semifusa.

3 Paramar [segundo movimiento]

"Recuerdo cuando pensé que en el mundo, sólo podría hacerme feliz alguna vez, alguien como tú, nadie más que tú. Caminando en el frío me pregunto, si no ha nacido alguna chiquilla que no sepa amar y quiera intentar una nueva forma para amar..."

Nos volvimos locos con el sentir hormonal, la distorsión de las relaciones interpersonales, de la impaciencia que los adultos llaman "adolescencia", nos volvimos locos y comenzamos a soñar.
Soñar con un ideal fallido, con ser dueños del planeta, ser estrellas del rock&roll, la fama y el resentimiento, los azares y la conveniencias.
Siempre me da risa cuando escucho Paramar porque es tan amor adolescente que me conmueve, es como un sentir efímero que se compone de melodías rítmicas y un rockabilly infantil.

A tempo aún, talvez.

"Paramar, paramar, debes tratar de poco entregar. Paramar, paramar, tu identidad debes falsear. Paramar, paramar, siendo estúpido serás feliz. Paramar, paramar, debes evitar soñar, debes olvidar soñar"


Fue la primera canción de Los Prisioneros que memoricé su letra, fue la primera canción que canté en público sin verguenza y a capella, fue la primera canción que aprendí en guitarra, fue el primer sólo que interpreté, fue el comienzo de Pedazo de Plato o Mente Desierta (en sus inicios), fue la primera canción que sacamos, fue con la cual soñamos en convertirnos en estrellas del rock, de aprender a tocar instrumentos para hacer realidad nuestros sueños de infancia, fueron los primeros ensayos con ollas y platos, con una guitarra de bajo y un desgastarse la voz para que te escucharan. Apenas teníamos agallas para atrevernos a intentar la coordinación, apenas sabíamos los acordes, apenas sabíamos de música pero nos atrevimos igual y tras un arduo esfuerzo, conseguimos nuestro un paramar.

2 Paramar [primer movimiento]

"Recuerdo cuando dije que este invierno, sería menos frío que el anterior y aquí estoy, congelándome"

Se me olvidó prender el calefactor y apagar la luz para quedarme dormida, en estos meses.
Nunca había hecho tanto frío y si lo hizo, no me acuerdo o no era conciente de ello.
Me gustaría dormir para despertarme en un nuevo día, como lo que pasa a uno cuando duerme. Pero me es más fácil mantenerme despierta, soñar con los ojos abiertos y ver dragones en los pantanos que me rodean. Sé que me estoy moviendo pero me petrifiqué de inercia y quedé congelada por una energía cinética escasa, por una aceleración nula, por una fuerza neta agotada, quede congelada y no estaba escuchando música.

"No es fácil para mi hablar de esto y manosear las mismas palabras de amor que se entregan, a cualquiera"

No es fácil y jamás lo será. Porque yo pronuncio pocas palabras; hablo mucho, chamullo harto pero no digo nada. Nunca hablo de amor y mucho menos digo palabras de amor. Tampoco suelo mencionar los temas que lo convoquen o que lo insinúen por más mínima que sea la invocación, porque me pongo tímida, porque me siento insegura, porque es difícil, porque uno sufre, porque siento demasiado, porque me enamoro intensamente, porque me entrego con facilidad, porque para mi esto es importante. Y lo importante no lo digo a cualquiera.
Por eso nunca me declaré cuando tuve que hacerlo. Por eso otras tantas me quedé con la incertidumbre de "qué hubiera pasado si yo", por eso me arranqué, por eso lloré tanto la primera vez que me enamoré, porque hubo y no hubo, porque era necesario y no lo era, porque es esa palabra que puede destruir todo y contruir un mundo entero a la vez.


"Paramar, paramar, debes tratar de poco entregar. Paramar, paramar, tú identidad debes falsear"

Y muchas veces falseé mi identidad, pero entregué mucho de mi.

Me acuerdo cuando era todo era un círculo en mi cabeza. Todo se trataba de él y de ella, de ella y de él. De las amigas, de las peleas, de los "ya no es lo mismo, no quiero que seas más mi amiga". Del 8vo básico marcado por el "fue el mejor año de mi vida", marcado de las injusticias, de los llantos, del intentar salvar todo lo que se intentaba desmoronar, del ser el pilar fundamental de muchas personas, de ser la madura, la que siempre sabía que hacer, la mejor amiga de todos pero sin ser amiga de nadie, la que escondió todo sin ocultar nada, la que era pero nadie sabía que era.

De sentirnos dueños del mundo...

Fue cuando me enamoré por primera vez de un hombre que no me dejó más que su nombre en el bolsillo. Con él recorrimos universos, nos deshicimos del tiempo y no fuimos conscientes del espacio en que habitábamos. Rayamos las calles con tiza y letreros con palabras de amor sin hablar de amor porque con él nunca hablamos de amor. Nunca nos dijimos nada pero siempre supimos todo, pues no era necesario nada más que un sombrero, las nubes y un árbol. Pero el amor se agotó de injusticias, de incertidumbres y él decidió perecer ante la impotencia de no poder lograr lo que siempre quiso lograr, de no ser capaz de permanecer y perdurar en infinitud. No pudo más y se agotó. Yo nunca suelo hablarlo porque es mejor que se quede callado bajo tierra, así talvez se de cuenta que él deja marcas, no rastros.

"Paramar, paramar, siendo estúpido serás feliz. Paramar, paramar, debes evitar soñar, debes olvidar soñar"

Entonces me olvidé de todo. Nunca más tuve memoria y viví sin saber que lo hacía. Grité muchas veces, alzé mi puño otras tantas, desde hace un tiempo ya que me nombraban como niña problema, cual semilla del mal, hija del demonio, comunista empedernida y con otras tantas cosas me nombraban, dignas de ser hija de la revolución sin causa alguna, que me cansaron de estruendos.
Pero igual dejé de sentir, porque no tenía ganas. Entonces dejó de importarme todo, dejé que nada me afectara. Dejé de ser vulnerable. Entonces una persona, un poco inconstante en mi vida, apareció con una sonrisa entre los dientes y deslumbrándome de risas me enseñó a reir por reir, a no impacientarme por nada, a vivir sin complicaciones, el optimismo fue nuestro sueño y ser estúpido nuestro ideal. Y nos jactábamos de los demás con un "siendo estúpido serás feliz". Nunca nuestra relación fue constante, nos pasábamos viviendo entre malos entendidos y peleas inútiles pero nos quisimos tanto que nos destrozamos de intensidad, de falta de comunicación, de converger siempre en un punto ciego.

1 Paramar [intro]

"En unos años más, con Jorge lo hemos conversado, digamos que en 10 años más, va a haber un nuevo movimiento de Los Prisioneros, estoy seguro que, muchos niñitos de ahora, cuando tengan 18 años, 17, van a andar locos con Los Prisioneros, así como... van a andar rallados con sus discos y todo eso.

Yo creo que eso va a pasar más adelante"



Mis historias siempre nacen de una canción y Paramar cuenta con un lugar privilegiado al momento de nombrar historias por contar.
Talvez porque tiene miles de momentos claves, talvez porque constituye lo que los adultos llaman mi adolescencia. Yo pensaba, hace unos años, que jamás me dejarían de gustar Los Prisioneros, hablo de esa época bonita, en que uno no tiene más preocupaciones que no tener preocupaciones, en que todo era fácil porque nada era complicado, en que nadie pensaba nada porque no sabíamos pensar, en ese tiempo en que me di cuenta que me tenían propuesto comenzar a vivir. Entonces, aparecen Los Prisioneros en mi vida como un trampolín a la pubertad/adolescencia y me acompañan en los momentos difíciles, en las rabias contra lo establecido, en los llantos de no comprender donde uno está parado y porque las cosas son así y no de la forma en que serían más justas, más humanitarias, en las ansias gigantes de cambiar el mundo, de destrozar las reglas, de tomarse las calles, de gritarle y escupirle a todo el mundo, de ser y no dejar de ser porque a los demás no les gusta, en tomar fuerzas para ganarle a todo lo que te quiera destruir. Mi base, mi apoyo, mi fundamento, mi anclaje, mi impulso. Yo creí, entonces, que nunca me iban a dejar de gustar Los Prisioneros.

lunes, junio 21

5 Paramar [crecendo, a tempo, sforzatissimo!]


Ouch, el solo.

Te escucho Benito olvidando los acordes, te siento Valentina descordinando los platillos, te siento Tatiana concentrada en las cuerdas del bajo. Nos escucho y yo sin cantar. Nos escucho reirnos del "está sonando muy mal". Me acerco, Benito, para que escuches lo acordes y los recuerdes, para que toques ese sólo con pasión, la guitarra se desborda en estruendos y no nos deja escuchar nada más que sus chillidos. Valentina te miro, discretamente, para ubicarte en los tiempos, me autoconcedo el honor de director de orquesta y te señalo los timbales y platillos para que recuerdes en que momento golpearlos, el solo me está matando, vamos que se puede, podemos terminar esta canción, ya me tiene harta, la hemos tocado tanto pero nunca sale bien a la primera porque no paramos de reirnos, porque no paramos de picarnos por tonteras!. Primero Valentina, luego Benito, luego Catalina y Tatiana como punto de fuga. ¿Recuerdan los momentos que dejábamos de hablarnos?. Talvez Benito mirando la ventana, yo sentada en un ricón, Valentina en la batería y Tatiana con sus estupideces nos hacía reir con un "tatiana que eres estúpida" y volvíamos reir, a tomar el micrófono, a prender los parlantes y amplificadores, a tomar las guitarras y, 1,2,3,4. "Recuerdo cuando dije que este invierno, sería menos frío que el anterior" y esa segunda voz que jamás salía. Hey! niñas nos estamos alentando. Más rápido, más rápido ¿porque siempre nos pasa lo mismo? Parecemos tortugas! Valentina, prende la caja. No! se me olvidó la letra, Tati, canta "paramar, paramar o la voz de los ochenta en un intento fallido" y nuevamente reirnos y salir a comer papas fritas o los pedidos del kentucky o las pizzas o lo que fuera que nos dejaran en la cocina. Nos juntabamos muy temprano y terminábamos muy tarde. Veíamos películas y alguna vez lavamos un auto para juntar dinero para intrumentos. Aún hay monedas guardadas en la alcancía de pokemon. Nos componíamos de acordes estrechos y sinfonías maltrechas, desafinaciones en las guitarras y la la timbala que sonaba horrible y el platillo que jamás quisimos. "Yo no sé lo que me pasa cuando estoy con voz" y los sueños infantiles. El alcanzar tocar en el colegio, "ojalá no en el gimnasio, que suena muy mal!" Y lo conseguimos, lo más incierto de nuestras vidas, correr por Antonio Varas con guitarras, un bombo, hit hat y el micrófono, sin nada más que las canciones sin ensayar y canciones sin terminar de scar. ¿Qué hacemos? Con la no-caña del día anterior, el fantasilandia del Vodka y la Chimba insensata de la cual teníamos prueba. Fue la semana más extraña de mi vida. Sin amplificadores decentes, un pedal del bombo sin funcionar, la primera cuerda que se cortó en medio de un solo, ¿qué más podría pasar? Pero no sé porque lo recordamos como un desastre realmente gracioso, es que fue tan insólito fin de semana que no podremos olvidarlo. Que no podré desligarme de mi banda, inconstante, casi muerta, abolida de sueños de juventud, pero única, grande y nuestra.

domingo, junio 20

¿No es dulce la vida?

No debería perder mi tiempo en este tipo de cosas.
Podría partir a la cocina a buscar el kujen de yogurt que mi padre me ha dejado como postre, para acompañar el café.
No me agradan mucho las cosas dulces. Me da fatiga, me provoca mareos y sensación de desmayo, prefiero tomarme el café, bien cargado y sentarme en el sillón.

Dejaré el azucarado de yogurt sobre la mesa.

Debería estar replicándome en DNA o sintetizando ribosomas, debería, pero quiero sentir sílabas en mis uñas, no expresión génica.

Aunque me propongo dormir un rato, el sueño se evade de mi psiquis y se arranca a otro espacio; tengo flojera, no quiero seguirlo, prefiero mantenerme despierta, aunque la cabeza me de vuelta de mareos, aunque los pensamientos se entremezclen, aunque las pupilas se dilaten de cansancio, aunque los párpados se peguen a la nariz.
No puedo remover la picazón de las pestañas ni el cosquilleo de la boca. Me gustaría pensar que me observas en ciertos momentos, que me piensas en silencios, que me evocas en recuerdos. Que talvez eres tú quien provocas la incomodidad de mi cara que se retuerce de alergia. Talvez me miras con intensidad a través de la ventana y yo sólo debo cruzar el umbral de la puerta para encontrarte. De sólo pensarlo, la presión arterial se eleva y me hace sudar lágrimas, me descontrola la ansiedad de sentir tu aroma, hasta que recuerdo que es sólo una idea ilusoria, ni siquiera tengo premisas posibles para concebirlo como una realidad alcanzable, es efímera, se desvanece junto al tiempo.

Me volverás loca, cantando en esa esquina: ¿No es dulce la vida?

Te grito en pesadillas cada noche y cada día. Suelo soñar con los ojos abiertos; nunca, casi, distingo cuando tengo abiertos los ojos, de cuando estoy despierta. Debe haber una predominancia de eventos oníricos pues a cada instante tus caricias me atormentan.
Con vestigios de pasto entre los dientes, me observo, al fondo el humo de una cacerola, hirviendo, consume trozos de carne animal y vomito de impotencia. Doy muchas vueltas, en rotación terrestre y de pronto te vislumbro, a media luz, frente a mi, sonriéndome de dolor. Te acercas despacio, demasiado, deprisa, muy poco, radiante, cortante, humilde, dulce, sarcástica, tierna, te detienes y mis alvéolos se trituran. No logro conseguir oxígeno para la circulación sanguinea, me desconecto de mi cuerpo para no sentir asfixia, te toco las mejillas, te tomo desde el cuello, te saludo con una sonrisa cálida, tu aroma envuelve mi cuerpo y me da vueltas la cabeza de placer, suspiras despacio y cierras los ojos, sin permitirte tocarme, sin permitirte desbordarte de pasión. Sin darnos cuenta, nuestros labios se rozan, dejo que me beses, quedar sin aliento, respirar de un espacio compuesto tan sólo por las dos, intoxicarme de tu boca, de tus suspiros, de ti, de ti...

Me volveré loca, cantando a media voz, ¿No es dulce la vida?

Creo que tomaré el azucarado de yogurt y lo pondré en mi boca, se acabó el café.

tiempo y sus fragmentos

En esa calle, a medianoche, me volverás loca cantando: ¿No es dulce la vida?

...

...

...


...

...




En esa calle, a medianoche, me volverás loca cantando: ¿No es dulce la vida?

Ahora, amapolas.


Valentina, eres como cielo. Catalina es como mar.

Siempre quise escribirnos en un cuento.

Tú un pájaro, yo un pez.

Ambos tan libres o tan encarcelados en sus propios medios de transporte, en su propia comunicación. Siempre tú, intentando alcanzar lo más alto, yo siempre intentando descifrar todo hasta alcanzar lo más profundo. Si medimos nuestros puntos de referencia no tenemos un arriba ni un abajo, siempre estamos flotando. Yo más cable a tierra que tú, por cierto. Pero tú menos ilusa que yo, de todas maneras. Siempre he sentido el "complemento" como tu conciencia, algo así como la parte razonable de tu ser. Inmadura racionalmente, pero emocionalmente muy inteligente es Valentina. Es difícil medir la inteligencia emocional, pero si puedo representarla en algo, es tu capacidad de conducir emociones. Esa virtud de desligarte de lo que se de te la gana, de siempre saber que hacer para conseguir lo que quieres o a quien quieres, para manipular emocionalmente a todos los que te circunden,
para
por
para,
para ti.

Catalina, en cambio, nunca aprendió a salir del cascarón.
Su emocionalidad
es de un niño de 3 años,
llora por todo,
se siente por todo,
se desespera y pierde el control muy rapidamente cuando de sentimientos se trata.


Mientras tú manipulas con sonrisas, yo manipulo con palabras.

Pues como sea, nos vamos componiendo tú con teatro yo con música. En tiempos de antes, de ayer, de mañana, de superioridad, de enajenación, de violencia, de mañas, de sueños, de de y mucho más. Con nuestro anhelo imperialista, ambicioso, egocéntrico, narcisista. Ambas idénticas pero completamente diferentes, individuos impares.


Y si lo ves desde mi punto de vista, es algo triste este ahora.

Ese "algo" que está pasando, que es probable, como siempre, que yo lo note y tú no.
Esa rareza en tu actuar y en mi percepción.

No sé que nos pasa, lo siento ajeno.


Talvez sea más intenso en mi por la petrificación que siento. Sentirme estupefacta de este tiempo pero con mi cabeza dando vueltas y mis pensamientos rotando en un espiral. Quisiera sentirme cómoda frente a la inercia del movimiento pero mis brazos me llaman bajar del tren, a salir volando, a correr lejos, a salir del encierro, ese encierro que ambas sentimos. Esa necesidad de irse, ahora, lejos.

"when i was a child i have a fever
my hand felt just like two balloons
now i've got that feeling once again
i can't explain you would not understand
this is not how i am
i have become comfortably numb."


Si necesito, necesito de ti, necesito de ambas.
Si extraño, la extrañeza se vuelve Valentina.
Si confío, es porque existimos.
Si comparto es al caminar contigo.
Si hablo, es porque te veo la cara.
Si importa, fuimos nosotras.

Suelo olvidarme de querer, pero a ti si te quiero, probablemente una de las únicas personas.
De hecho te quiero muchísimo, por cierto es orgullo mencionar la palabra amiga cuando de ti se trata, como una hermana.

Pues a pesar de que mi cabeza se quede congelada por el principio de incertidumbre de la energía cinética de mis partículas subatómicas eres eso que no sé como decirlo porque no hay palabras, eres, sólo.

Talvez sea el miedo, talvez sea el espanto. La sensación inevitable de no verte más, la sensación de extrañarte antes que te vayas. Ya ni sé que palabras mediar para sacarme de la cabeza la madeja de ideas colapsantes. Esas ansias de libertad compartidas, sé que la que se vaya no serás sólo tú, también me iré yo. Y no hablo de un "irse" físico, es volar, más bien.
Siendo donde sea que estemos, estando donde sea que no estemos, es la infinitud de una estrella eterna la que quiero que permanezca, no tú, no yo, no las dos, lo infinito.
Quiero mirar hacia arriba y verte en las luciérnagas, quiero que mires el mar y me veas en mareas.

Cuando te vayas, lloraré como nunca he llorado.
Cuando te vayas, seré y dejaré de ser.
Cuando te vayas miraré el cielo y me compraré un ramo de flores.
Cuando te vayas, las dejaré en un florero y me habré ido yo también.


Porque se llamaba Valentina y yo la bauticé Amapola.

Y despegó el cohete.
¿lo ves?

miércoles, junio 16

no gira pero da vueltas

Era de noche pero podría haber sido eclipse. La habitación se reordenaba histéricamente, dando vueltas entre fichas y fechas, entre madejas y alambres, entre causas y casos.
Volví, no sé como, hace dos años. Llegué, no recuerdo de que forma, desde los 14 años.
Me deslicé por lo que llamamos "ahora", por lo que llamamos que "fue" y me trasladé a películas, reproduje mi propio cortometraje y me vi haciendo de mi algo que será posible si dejo de hacer de mi lo que ahora hago.

En ese instante, en esos días, en esta época, no tuve noción de tiempo, nunca la tengo pero ahora tampoco tuve noción de espacio. Dejé de ver mi contorno. Mi sombra se delimita en un espectro que ya no puedo ver, que no logro vislumbrar aunque me acerque; cada vez que paso el umbral, me encuentro nuevamente mirándome desde el espejo.
Sin contorno, sin retorno, érase el espiral.

Me fragmenté completamente en mi locura. Disocié mi realidad en personajes múltiples.
No supe más de mi que por ilusiones en partituras que se iban escribiendo a medida que cambiaba la imagen que de mi se proyectaba en el umbral de las alucinaciones.
Me reencontré con fantasmas, reviví a los muertos, me enamoré de nuevo, sonreí sin prisa, disgregué tormentos y fui rotando en recuerdos sin memoria que ya no sé muy bien si son parte de la vivencia in facto o los creé en mi imaginación de desenfreno.
Y si es absurdo, se fragmenta ahora mi locura.


Aunque los destellos sean semifusas, no llevan sombrero-. me dije en sueños.

Y grité CAOS.

Hace rato que dejé de temerle a la ultraviolencia.
Tengo ganas de escribir música sin sentido.
Sería placentero destruir los muñecos.
Improvisar en corcheas y bemoles y darles movimiento.
Detener la petrificación de la inercia oscilante.
Jugar al cachipún en el azar del luche.
Tirar las monedas de un peso al pantano del club.
Caminar de espaldas para empujarlo todo.

Yo no temo destruir.

Daría rienda suelta a los cometidos de mis fragmentos, aunque comulgando en esta realidad compartida.
Aunque te vea a cada instante en 180 grados. Aunque olvides mirarme los zapatos y lamerme la lengua. Yo no invito a nadie, nada me acompaña.
A pesar de que retuerza todas las vivencias y entremezcle los motivos sinfónicos del improvisado pentagrama.
Como pan con mermelada de durazno para desesperarme de dulzura y vómito y recrearme en un espacio de un ánimo inconfundible a tu reflejo.
Aunque sea victoriosa la reverberancia del espiral en mi cabeza, aunque suba o baje de nivel, aunque retorne a cada instante, yo sigo creando música; acelero en sol menor sostenido y toco un adaggio en un pentagrama de 3 líneas, sin llave de fa, sin llave de do, que no sea necesario el pedal para alargar el sonido, necesito un destello, no un resplandor.

Yo sigo creando pues es mi tendencia destruir.
Pero a veces te creo nuevamente en mi cabeza, no me importa, no gira, da vueltas solamente.

y triunfa la risa de la ultraviolencia.

lunes, junio 14

Infarto

Tengo una madeja de pensamientos dando vueltas en mi cabeza.
Tengo un coágulo de lana impidiendo la circulación de oxígeno en el cerebro.
Tengo madejas de lana entremezcladas en un coagúlo de ideas difusas que aceleran la sístole vascular.
Tengo una idea coagulada en un derrame de sangre.

Caí en coma y no hay catarsis dionisiaca en los entretiempos.

Me enajené de la identidad espejo-reflejo.

Caí del estado de lucidez post-trauma.

Disocié el complejo cerebro-mente enfermo.

Me atormenté de mareas.

Me reventé en un henchido de santo gozo justiciero.


Y la apariencia práctica de un cerebro múltiple, sumergido en las conexiones eléctricas de un principio de incertidumbre en que el ser es por sí y para sí...
Y la elasticidad momentánea de las intuiciones a priori de un ser absoluto...
Y la convergencia de emociones inmaterializadas en un espacio y tiempo definidos...

se convirtieron en una idea, basada en la nada.

mi mente es blanco.

sábado, junio 12

dónde escondiste el mar

donde suele quedarse el lamento innato
ahí se espera, tranquilo, admirante

yo suelo pensarte de vez en cuando
sutileza de esplendor
silencio atronador

aún

no sé donde escondiste el mar y nuestro universo
no sé donde escondiste los mejores recuerdos
ahí perdidos en la alucinante marea de intrigas callejeras

donde escondiste el mar,
donde escondiste el mar.

fuiste buena consejera de espantos
buena amiga de amargos compases
yo un pez encandilante en tu acuario de doncella
que te miraba todas las noches con la mayor sutileza

quería desnudarte de congojas humanas
la luna en tu cama
la estrella en tu almohada
mi cuerpo en el tuyo, por años...

mírame!
aquí estoy alucinada de tus fantasmas oblicuos
aun te pienso hasta en la noche más clara
aún duermo contigo, hasta en el sueño más profundo

aunque enamorada de otros, aún sigo buscándote
te llevaste las mareas de relámpagos intrusos
en tu habitación
el cielo compuesto de agua con notas paralizadas
en el movimiento submarino
junto a los deseos marítimos
te lo llevaste

te llevaste el encanto y el mar

yo no quiero volar, sólo aprendí a nadar
y tú lo sabes,
mi cielo era tu mar tu mar era mi cielo
nuestros movimientos musicales se componían
del esplendor de las olas en esparcimiento

dónde escondiste el mar
dónde escondiste el mar
dónde,
dónde

dónde escondiste el universo.

congelada por inercia

la estupidez me acolarra, las palabras se retuercen.
no hay funcionalidad en mi cabeza,
los ojos no brillan,
las manos transpiran.
es la antítesis personificada de la velocidad
la que me aterra, la que me enloquece
y las palabras se ordenan
de forma alegórica a lo que no quiero hacer.
y los bemoles se sumergen
y las corcheas se detienen.

no tengo vocación de poeta.
tampoco nací poeta.
tampoco entiendo poesía.
antipoesía
o colafría para las pestañas
y así atarmelas a los pies
continuar haciendo historias
pero enjaulada al suelo
en posición fetal
lista para nacer
otra vez
o convertirme en renacuajo
un renacuajo epiléptico.

me congelé de cenizas
se incendiaron los segundos
pero todo trascurre lentamente
aunque yo no permanezca
aunque el renacuajo mueva su cola
aunque los muñecos tomen vida propia
me congelé de la flagelación
de palabras que se entremezclaron
y no supe escribir
no hay motivo ni inspiración
ni esfuerzo.

quedé petrificada por la inercia del movimiento.

martes, junio 1

La pieza sola y los fantasmas

La reina japonesa se enamoró de la sirena nadadora que perdió las semifusas en una partitura que ya no recuerdo pero que sé que resplandece de vez en cuando. No resplandece de brillo, resplandece de sangre. De un destello rojo, de una luz que enceguece los ojos de quien la vislumbre, de quien la encuentre.
Ella, quiso salir a jugar al patio, a saltar el luche y dibujar con tiza los recuerdos y los girasoles que plasmaron juntas en una banca. Ella y cuando hablo de ella no se a quien me refiero. Estaba escrito en una partitura que no recuerdo pero que sé que resplandece de vez en cuando. No resplandece de brillo, resplandece de sangre. De un destello rojo, de una luz que conmueve a quien lo detenga, a quien lo retrate.

La cuidad y sus esquinas estaban perdidas en un sueño que ella deshacía cada vez que permitía que las pesadillas acobardaran su cabeza. Cuando por las noches intentaba suspender las llamadas telefónicas de Bolaño y perpetuar el sentido de lo humano de un Humberto Maturana callado de frío, que, se impacientaba ante la desfiguración de una poesía en decadencia que no hablaba de muerte ni nombres falsos, que no comentaba ni a Chile ni a sus abrazos, que se hacía llamar Sasha y recobraba los anonimatos de aquel que se cambia el nombre, de aquel que se pierde en un puerto de Valparaíso, ya no hijo de ladrón, ya no hijo de carnicero, ya no hijo, más bien, padre ausente. Permanecían aisladas, las esquinas, pues, en callejones sin salida, en muros sin paredes, baños sin retretes, en imágenes perpetuas pero viciosas de pesadillas y llamadas telefónicas ausentes.
Los árboles y las bancas quedaban encerrados en una acuarela sin agua, porque ella misma aceite le entregaba, la llenaba de parafina y la incendiaba de cosas mártires, de asuntos que brindaron honores sin brindar nada pues para ella no existe el honor de las acciones, porque para ella no existen verdades, ya no cree en nada o no le cree a nada. Prefiere sucumbir ante el tormento de un García Madero sin María, de un Alberto Belano sin realvisceralismo, sin la pornografía de un feminismo malentendido de las hermanitas sin nombre plasmado en fotografías de un Gastón Acosta sin comedia del arte, sin la velocidad e instantaneidad del futurismo fascista, pues se olvida que es un recuerdo dado por dos y que de a dos se destruye no de a cero, no existimos en superioridad ni en raza.

Ella, mientras tanto, quiso salir a recorrer la pieza vacía, para cantar sílabas, conversar de sucesiones anecdóticas, de murmullos antiguos, de promesas que se desfiguraron en la nada absoluta, anacrónica y disfónica .Pero cuando a ella me refiero no se muy bien de quien estoy hablando. Estaba escrito en una partitura que no recuerdo pero que sé que resplandece de vez en cuando. No resplandece de brillo, resplandece de sangre. De un destello rojo, de una luz que deshace los labios de quien la toque, de quien la brote.

Y su voz sube un poquito de tono. Es más agudo el ángulo que subtiende en las palabras, de ella y de ella. Son dos ella, son doncellas. La reina japonesa se enamoró de la sirena nadadora y salen a recorrer fantasmas en una pieza sin nombre que se olvidó de retratar fenómenos y que dejó en blanco un libro de historias, no porque borró su partitura sino porque quiso convertirse en fantasma, la pieza sin nombre, quiso que se recorrieran despacio, las doncellas amantes, sin hacer ruidos, que se atravesaran intactas, sin hacer nudos en sus pies para que pudieran caminar tranquilas de regreso a la partitura no encontrada y buscarla bajo escombros sin hacerse daño, silenciosas e intactas, las doncellas de la página del libro de historias sin partituras borradas. Talvez, se piensa, que consiguieron hacerse una, que por eso no es posible el desmembramiento.
Porque La sirena nadadora se enamoró de la reina japonesa que perdió los sol menor sostenido en una partitura que ya no recuerdo pero que sé que resplandece de vez en cuando. No resplandece de brillo, resplandece de sangre. De un destello rojo, de una luz que enceguece los ojos de quien la vislumbre, de quien la retrate para constituir una obra de arte.

Andrés nació poeta

Andrés nació poeta