"Amor, amor, ¿dónde oí esa palabra antes?. Rehice por ti mi horario y compré más calendarios. Me pase un video en tres dimensiones con un final feliz, traté de inyectarme mi viejo optimismo pero ese que resultó, aún era yo, listo paramar."
Me enamoré de una mujer color indigo. Me enamoré de una mujer de los labios pálidos y los ojos pequeños, con la mirada ausente pero con una sonrisa omnipresente. Me enamoré, se enamoró y enloquecimos de amor. Talvez demasiado intenso para contenernos, demasiado fuerte para querernos, demasiado immenso para los tormentos, tanto, demasiado que no supimos como abordarlo. Se arrancó de nuestras manos, talvez tomó vida propia y lo perdimos en sus intentos acertivos de volar y ser libre.
Me quedé sentada, entonces, esperándola en una esquina de Santiago para reencontrarnos y prosperar en armonía pero aún no ha llegado, me quedé congelada esperando.
"No es la primera vez que terminas con alguien, Catalina", me suena tanto en la cabeza como un "es sólo otro loco amor adolescente que se olvidará con el tiempo" que me duele el estómago y me dan ganas de vomitar. Me quedé sentada de cabeza para no pensar tanto y desmayarme a causa de la mala circulación, pero siguo consciente y la evoco en las noches, aún. Porque para mi no fue sólo "otro más", ni una locura pasajera, ni un evento provisional. Yo si rehice mi horario y compré más calendarios. También me pasé un video en tres dimensiones con un final feliz. Y aunque traté de dejar de ser yo e inyectarme una dosis abundante de optimismo, no resulté ser lo que quería y seguí siendo yo y seguí pensando en ti y lista para am(arte).
No podré olvidarte porque dejaría de ser y no tengo el valor para destruirme porque guardo los más preciados recuerdos de una princesa color indigo, de los "tu&yo, somos magia", de los septiembres y sus meses sucesivos, de salir a encontrarnos y evadirnos del mundo, de crear nuestro propio espacio y no necesitar nada más que a ti.
Hubiese preferido un "hasta pronto", Semifusa.
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