domingo, octubre 31

¿Alguien más podría haber sido?

Alguien más podría haberse polvoreado de tiza la cara?
Alguien más podría enloquecer así como yo lo he hecho, de tanto buscarte?
Alguien más podría espantarte de amor?
Alguien más podría haber llorado días enteros en una vidriería de espejos rotos?
Alguien más podría haber coloreado de tiza las cercanías de tus ojos?
Alguien más podría haber escrito los recuerdos que yo escribí?
Alguien más podría haber sido tan ingenuo?

Alguien más podría ser más inútil?
Alguien más podría hacerte daño?

Alguien más?


Y me preguntas por qué lo hago?

La vida, junto a la anacronía que nos envuelve, se compone en un espiral que nunca permitirá que dejemos de buscarnos.

Infinito.

domingo, octubre 24

Cicatriz

Yo tampoco le tenía miedo a las caídas.
Me gustaban las heridas porque entre más sangraban, más protagonizabas la acción y eras el centro de atención de todos los presentes. Si llorabas, incluso podías pedir alguna compensación para sentirte mejor: un helado, un abrazo, un chocolate.
Las costras se convertían en la diversión de la semana; por lo general, solía sacarme todas las costras hasta que la herida volvía a arder y a sangrar; pero el dolor no dolía, pero el ardor, no ardía, pero el mal rato, era una diversión y la comparación de cicatrices era un nuevo juego entre los amigos del barrio.

Pero ahora, que me amenazan con llamar a los carabineros si "juego en lugares públicos", que me obligan a bajarme de los "juegos para niños", que mi porte no es el apto para subirme a juegos para menores de 1.35 m, las cosas son distintas.
Las heridas duelen y no son visibles en la piel, son intensas dentro del cuerpo, en el pecho, en el esófago, en la garganta, en los ojos. Y no tienen cicatrices con forma; si las tocas o las pasas a llevar, arden mucho y vuelven a sangrar y muchas de ellas nunca forman costra y muchas otras nunca abandonan el espacio donde han dejado su cicatriz.
Y que absurdo pensar que muchos otros forman sus propias heridas de piel para subsanar las heridas de esa cosa que está adentro y que te atragantan con sangre la garganta. Dicen, los absurdos, que así, sacando la sangre a flor de piel, duele menos.

Pero a mi no me sirve. Tampoco me sirve desgarrar los epitelios del estómago ni del hígago tomando botellas con muchos grados de alcohol. Tampoco me sirven las colillas de cigarros en la ventana de mi pieza ni la colonia depositada en la garganta, ni las inyecciones de heroína o las ganas de "volar". Tampoco aminoran el dolor los neurolépticos del psiquiátrico, ni los ansiolíticos del psicólogo, ni vomitar hasta desgarrar la mucosa estomacal de mi cuerpo.
Ni la sobredosis de todo un poco, ni herirme más con desencuentros tortuosos, ni llorar hasta morir en una esquina de la ciudad.

La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño. (Friedrich Nietzsche)

Así tal vez las heridas duelan menos y aprenda nuevamente a revalorizar las cicatrices de piel que ahora tanto duelen.

Así, cuando salgan a andar en bicicleta, no le temeré a las caídas.
Y esa herida que tengo aquí, muy adentro en mí, se convierta en un vuelo de una estrella de papel celofán.
¡Ojala!

Porque siempre existirán las llamadas telefónicas y los teléfonos públicos y "todo el amor que te tengo"

¡Ojalá!

Campanas.

Da cu ti son las cam de pa na vi.
les quartier los
dí que sé di do sa se di fo ju y
las si la b(v)a ri as cosas


Se acaba, dicen los cuentos.

Yo quiero que cuando terminen los días, suene la campana y no el timbre y que no me obliguen a escuchar el último discurso de medios cuartos del reloj.
Yo prefiero tirar flores y sacar fotos a los pétalos, cuando las flores se deshojen.

El calendario arroja sus días al viento y se nos va la infancia, las lágrimas y la motivación.
En vez de mirar el cielo, todos quieren morirse en el pasto.

Que se mueran todos, entonces.

A mi me queda el arte.

domingo, octubre 10

Excepción

Su alma cantaba viva cuando
dejó de mirar las estrellas;
ella consiguió ver su sombra superflua,
sobre los árboles, entre las yedras
desprovista de congojas mentales
descubierta de fatigas nupciales.

Pero luego ella olvidó sus recuerdos
y recordó sus olvidos más obsenos
sin filtración de sensaciones burdas
crueles, olvidables, recordables
porque todo en su cabeza le decía
que estaba destinada a lo absurdo

Absurda su cabeza,
absurdos los pesares
los poemas, las canciones
porque se olvidó que recordar
era nefasto para su sangre
con hemofilia en los genes y arte.

¿Has visto fluir la viva muerte entre tus venas?
¿has visto la niebla cubrir tus párpados en primavera?
¿has sentido la sangre coagulada en los derrames cerebrales?
¿has sentido el sudor en tus sienes de la quemazón de los ojos?
¿has vivido la histeria colectiva en años de congelamiento?
¿has vivido la pesadumbre de olvidar todos los pensamientos?

Razonar por mérito o por justicia e inhanición de amor
de corazones desmedidos y destruídos en la arena
en el vagón de las puertas con un cerrar y abrir
fue cuando ella se olvidó que la excepción no era la muerte
la excepción era la vida en muerte, la sangre en vida
la muerte viva, la excepción de morir en primavera.

Y saberse cierta cuando llegara el invierno a quemarle los pies de enfriamiento.

Antaño.

Habrá que cocinar corazones desmedidos, porque no queda nada más que preparar.
Hay hambre de amargura en casa y siento náuseas por inhanición.
Tendremos que rebanar despacio cada parte, sangra con facilidad y temo que el susto cercene las manos, los dedos, las cicatrices y todo lo que tenga contacto con el alimento a cocinar.

Talvez el error fue descubrir el pensamiento, es un arma mortífera.
Talvez el descuido se llamó razonamiento y nos acuchilló las entrañas de la psicología inversa.
Talvez sea un error de cálculo, un error de espacio, de época, de hombres aptos, que son ineptos, que son incapaces de evitar el desangramiento pectoral, cada vez que la cabeza se agita por nuevos estímulos cognitivos.

No me siento con la lucidez mental para delimitar los acontecimientos puros del masoquismo encadenado a huída de otros.
Muchos preferimos huir de espíritu pero también se encuentra encadenado a los anatemas escritos en las paredes del laberinto.

No hay
nada
en ninguna ninguna parte
que nos salve de
la vegetabilidad mental
del estado de coma
del infarto cerebral
de la trombosis cardiaca
y el estallido de un coágulo acumulado
por horas, días, meses, años.
no hay nada porque cuando dejamos de sonreír, se nos cerraron los ojos, se rompieron los tímpanos y el tacto se impacientó de insensibilidad y no queda nada, que nos haga sonreír.

Por eso matamos al corazón, es más fácil.

sábado, octubre 2

Histeria Colectiva

La histeria colectiva de los desajustes elementales,
la histeria colectiva de los embrollos en desacuerdo
la histeria personalizada de los caza-fantasmas
de los caza-recuerdos, de las casas sin ventanas,
de las casas con telarañas, de las casas sin hogar.

La histeria se prolonga por los ventanales,
con el sudor del sexo desenfrenado sin pasión
con los orgasmos desventurados sin amor
de la sincronía reproductiva de los moteles
que revientan en abortos espontáneos.

Las pastillas anticonceptivas para embarazadas
las clínicas psiquíatricas en adopción
los abortos clandestinos para padres estériles
el maquillador de cadáveres para fetos sin rostro;
el cordón umbilical ahorcó el amor.

La histeria colectiva por devolver lo usado
por responder los tonos de espera de las contracciones
con la musiquita de cajita musical de muñecos en resplandor
de los neonatos sin vida, asfixiados por el corazón
de la madre que llora por las fechas inexistentes del calendario.

Hay un aborto social de conciencias elementales
sin saberse cierta, sin saberse viva, sin saberse de si misma
ni reconocer de los demás,
cuando hay niños que lloran y madres que duelen
padres ahogados con fetiches de sexo en el armario.

El mundo abortó corazones olvidados.

Cuando jurábamos amor

Yo nunca le juré una gota de amor al amor.
Porque el amor me sacó los ojos y ahogó mis lágrimas.
Yo por eso, me vengué y le saqué las tripas.
Y me quedé sin manos.
Porque quedaron manchadas de sangre.
Y no pude tocar piano
porque el piano se manchó de sangre
y me di cuenta entonces, que el amor era más fuerte
que con el amor uno no gana
que uno pierde y llora
y sangra y muere.

Y comencé a apostar a la suerte
porque es "mejor sufrir acompañado que vivir feliz solo"
Pero también dejé de ser yo
y no me gustó dejarme perdida en los espantos.
Asi que volví a salvarme de la vida y me llevé a la muerte
La muerte que viva me dio una luz de medianoche.

Y comencé a jurarle al amor.
Y el amor me dió una canción que se ahogó en papel
papel de escritura y partituras de Yann Tiersen.

Y suena y suena en el fondo de las películas
las sensaciones que murieron esa vez que decidí
que el amor no era en vano, que las mentiras
que duelen y quiebran espíritus,
revientan en sueños y nubes muy altas.

Así comencé a cantar "if i fell" de The Beatles
y me enamoré de mi amarga voz,
una voz llena de espadas de esgrima medieval
y de legañas al despertar.

Cuando juramos sentir por otros,
nació un corazón que palpita.

fotofobia

yo no le tengo miedo a nada
yo no temo
yo no soy cobarde
yo no tengo miedo

lo único que alguna vez me asustó
fue cuando prendieron la luz

se velaron las fotos
y quedaron en blanco las imágenes

yo me había acostumbrado a la luz roja
a vivir a media luz
al contraste de grises,
al espectro difuminado de la voz
al silencio de foto
a la contración de las pupilas

y me prenden la luz!
el destello de colores me dejó en blanco la fotografía
la luz visible del sol no es buena consejera
no pinta paisajes, borra recuerdos.

pero yo no le temo a nada
sólo no me prendan la luz, que las fotos se velan.
y los recuerdos también
y los fantasmas se escapan

y la fotofobia me atrapa.

umbral de foto

no le temo a la fotofobia
aunque me es más cómodo apagar la luz
prefiero mirar a través de la cámara oscura
una pieza negra, con luces rojas, silencio de foto
reino de espectro, fantasma de arresto

si las pupilas se contraen, mis psiquis descansa

¡allá, mira a lo lejos!

luces infantiles
rojo, azul, verde y amarillo

¡mira, allá muy a lo lejos!

yo no me voy a morir en un lugar de loqueros,
prefiero ahogarme en el mar.

pero mar adentro me llaman
y los entuertos de esquizofrenia se impregnan

cierro los ojos o me escondo en la noche?
donde
encuentre
un sitio ajeno
donde
la fotofobia
no destruya mis sueños.

Andrés nació poeta

Andrés nació poeta