miércoles, julio 28

Alfileres que pican

me da picazón de nostalgia en los ojos y una cosa rara en la guatita cuando me acuerdo de un agosto del año pasado y de sus meses sucesivos, me da esa picazón muy fuerte, pero hoy conseguí rascarme un ojo y conversar en una nube con una persona de risa dionisiaca y con sombrero en su nombre y fue un gusto encontrarme con ella caminando sobre acrílicos y palabras, tan agradable que llovió amarillo.

hola, me acordé cuando llegaste por primera vez a cantar y me hiciste falta hoy cuando caí en cuenta que tan sólo conocía a cinco personas de los más de treinta presentes; me hiciste falta pero te dibujé con girasoles a mi lado y te extrañé tanto que me dieron ganas de salir.

yo necesito tanto de ti que ni te imaginas la falta que me haces cuando no veo cada día el destello azul de la desintegración de semifusas que quiero que termine pronto para encontrarnos luego.

tal vez hubiese preferido caerme ese día para que él corriera a socorrerme y verlo de nuevo encontrarme con su sonrisa infantil hubiese sido una bonita escusa para quedarme un rato más con él y dedicarle un beso en la frente pintado con bombos y platillos que tanto le gustan y aunque no me gustaría caerme la próxima vez que lo vea me botaré al suelo para que corra y me levante despacio y nos pongamos a bailar al ritmo de nuestras pupilas adictas a mirarnos.

cuando las cosas cambian, amapola, te das cuenta? o cuando no te das cuenta es porque no cambian?
yo te encuentro todos los días pero te quiero más cerca, talvez el tiempo nos apremia desencuentros y me da pena de garganta pero me la aguanto porque quizás todo cambia desde un punto de vista que no distingo por culpa de las nubes que se forman, pero son blancas y gordas y están en el cielo, tan grande, tan grande que no podemos abarcar la inmensidad de sus mentiras que son esos principios que nosotras entendemos.

el bolsillo del pantalón me duele y me molesta, se quedan palabras en el lapiz de pasta que está agotado de escribir y prefiero quedarme escuchando música que me tire de cabeza al pasto mientras las flores marchan.

C'est fini, porque el café lo tomas junto a mí.


martes, julio 20

Desdobl(arte) en una sinfonía decadente.

A veces igual me dan ganas de irme. Tengo ese impulso muy muy grande de salir corriendo, porque sé que una parte de mi prefiere quedarse atrapada en ese espacio de no reciprocidad que construí en la ausencia de un septiembre. Yo hace rato que no escribo partituras con semifusas y hace rato que no me daba cuenta. Porque como siempre, me quedo con las pestañas pegadas a los pies y no logro vislumbrar lo que sucede a mi alrededor. Ya no eres a quien quiero, porque nunca fuiste la misma y nunca fuiste lo que yo creí que sí, porque terminaste siendo lo que temí y me da rabia con mi conciencia que no puede recordarte con magia, talvez se manchó mucho de sangre o siempre hubo coágulos temerosos de encontrar la verdad.

Ahora mi temperamento se atonta con el aroma de la bufanda que llevo puesta, se impregnó de pasión en mi cuerpo y lo llevo a todos lados, es inabordable. Por eso me dan ganas de correr, porque soy tonta y temerosa y cobarde y prefiero irme si las cosas se salen de lo que llevo presupuestado o porque me gusta tener el control y aunque lo tengo, me doy cuenta que no tengo intención de apoderarme de ese control para ejercer mi voluntad. Mi sangre fluye con liviandad, sin coágulos que sopesen mi malestar, sólo se deja llevar mi cuerpo y no quiero empezar a querer otra vez.
Pero me gusta tocar su boca y morder sus labios y quedarme sentada a su lado, sobre un árbol, hasta convertirnos en cíclopes, recorrer su cuerpo y dejarme llenar de la pasión que a ambos nos envuelve y me estoy atontando de sentir, no sé que le pasó a Catalina que de pronto mató los fantasmas tan ágilmente y se fue volando. A veces se vuelven demasiado tangibles los relatos que te contaba cuando te decía que yo no era de las que llega, que yo soy de las que se va.
Yo me fui y sabíamos que pasaría. No te mientas en decirte que optaste por dejarme porque yo me fui, tú te quedaste quemando recuerdos. A mi ya no me importan los boletos de micros, las cartas de amor, los zapatos sobre la banca o los cristales de Lynch... y me asusta un poco mi rebeldía ante la situación, por eso me tranquilizo al escribirte, intento ser benevolente con los propios recuerdos y recordarlos bonito pero la verdad es que bien poco me importan. No sé porque, yo creo que hace tiempo que ya no te creía nada, me dan lo mismo las excepciones, tú fuiste en mi y sé que dejé marcas, no rastros, tú no te vas, tú te desfiguras el cabello y así te queda mejor, pero no serás nunca quien fuiste porque esa que fuiste que yo quise fue un destello de una interpretación particular de la la rapsodia que nos describía y eso no se repite otra vez, no se reproduce dos veces sin plagio, la autenticidad la tuviste conmigo, no con tu aura.
Yo creo que me apesté de gente y te convertiste en gente, tienes razón, te perdí en el pantano también, fuiste de las que salió corriendo porque nunca entendió nada y me da rabia darme cuenta que nunca entendiste nada y que cuando mis oídos se crispaban a cada instante por tu falta de entendimiento permanente, me matabas despacio toda esa cosa bonita que me daba al verte, que me hacía am(arte), no sé que pasó que nunca fuiste la que eras.
O talvez llegó un secuestrador de sombreros que se llevó mi cabecera y tuve que perseguirlo y me llevó a jugar una nueva partida y me gusta sentarme a su lado a jugar al luche, me gusta y aunque quiera correr a cada instante por mi narcisismo autoritario, sé que hay una parte de mi que sonríe y se ríe de los fantasmas.

Hasta de Andrés me reí hoy, hasta por Andrés dejé de llorar y me gusta eso porque hoy lo encontré de nuevo en la plaza y me tomó de la cintura y salimos a recorrer la magia de volvernos a encontrar.
Andrés me dice que está bien el narcisismo pero que no me engañe pensando que todo está bien cuando está bien. Y yo sé que tiene razón, por eso fuiste mi preciada princesa preciosa color índigo, la semifusa auténtica de la partitura, pero fuiste y ese fuiste fue la magia, yo no sé que quedó de eso en la mujer que eres ahora. Pero seguirá sonando un amiga mía y te eternizarás en mi cabeza como un nuevo muñeco, como un personaje más del repertorio de clásicos del jazz de París, como esa estrella que se vuelve infinita al ser observada por mis ojos y te agradezco tanto que a esa princesa la hayas dejado conmigo y no la hayas quemado con los recuerdos. Pero te advierto que no volverás a verla [sé que tu nuevo ser no lo quiere] porque yo me fui lejos y ahora es mía y sólo mía y de los relatos que salgan de mi cabeza. Será un fantasma más para ti.

Oye, Andrés, vamos todos donde el pulpo, Camille, Semifusa, Josefina, Johny, que yo te quiero tomar una foto en tu estrella. ¡Me muero de ganas por salir!

lunes, julio 19

Perspectiva

Caminaba por ahí y te vi sin verte porque miro poco a los ojos
sobre todo a tus ojos que son tan grandes y directos y tan ojos que miran
que me intimidaba la presencia de unos ojos así que me pedían que los mirara
y yo sin mirarlos me acomodaba en sus pupilas insensatas que miraban
alrededor y mirábanme con ansias porque mirara esos ojos.

Recorría parques y te encontré sobre un árbol con forma de árbol que asciende
y nos sentamos en el árbol que asciende para encontrarnos y yo mirarte a los ojos
sin que tomaras mis manos pero mirándote porque tus ojos me satisfacían de sonrisas
de pupilas que rehuían la mirada cuando te veía pero que ya aprendí a mirar sin recelo
pero que ya aprendí a mirar fijamente tus ojos siendo tan ojos que miran.

Y me consumieron los ojos y no puedo dejar de mirarte, así nos convertimos en cíclopes
me gusta mirarte y consumirme en los ojos directos que miran mis pupilas
y mi cuerpo y yo miro tu boca sin incomodarme, la miro fijamente para besarte la boca
besarte los labios y la frente y los tallarines que te redondean la cabeza
y que agrandan tu cabeza de poesía y de palabras que me hacen mirarte más de cerca.

Me encontraste en la esquina cansada de limpiar manchas de sangre en el cemento
de la esquina donde te encontré un día y me senté a tu lado para conversarte
de vez en cuando en la esquina que rehuía sangre que tu no viste que yo escondí
y que dejé abandonada cuando encontré tus ojos y tu sonrisa que me hizo reir
y mirarte los dientes y tomarte la mano y salir a manejar las luces del teatro.

Por eso me gusta mirarte harto y encontrarte a cada rato y cerrar un ojo para verte
más de cerca y más nítido y perderme en las pupilas de quien no solía mirar
y salir a encontrar pelo de mariposa o el café de menta y al secuestrador de sombreros
con ideas de flor histeria y que me regales la flor con el número exacto de pétalos
para sonreirte más fuerte, más bobamente y darte un beso en aquel árbol
que nos hace ser cíclopes y regalarte un ojo para verte con perspectiva directa.

sábado, julio 10

se perdió la casa abandonada

No tiene sentido porque te vas y me dices que volverás, no tiene sentido porque me preguntas a mi si aún quiero que vuelvas y no tendrá sentido si vuelves porque no será verdad.
¿Acaso ahogaste los sueños de ser estrellas del rock? ¿Acaso agotaste las entradas del concierto en que seremos la banda que abrirá el telón?

Yo hace mucho que tengo intenciones de irme, no de ti, no de nosotras, no de los juegos; yo aún me quedaría en ti porque eres más que un simple evento, un simple espacio, una simple sílaba.
Pero tu sonrisa se vuelve despreciable a mis ojos cuando me acuerdo de tu ingratitud.

Yo me iré lejos y no me quedaré contigo porque me perdiste en el pantano. Cuando el club se tiró a las aguas turbias de un pozo en el lúgubre entrepiso de una casa abandonada, nos tiramos todos juntos, nos morimos todos de una vez, se nos olvidó tomarnos de las manos porque creíamos que el pantano no sería tan oscuro; nos lanzamos, para salvarnos o para ahogarnos, es algo de lo cual ninguno tenía claridad pero nos atrevimos, aunque nos equivocamos. Tú, en cambio, saliste corriendo, huiste de la penumbra, te dio susto la sórdida habitación y corriste tan rápido que no alcancé a despedirme, tan veloz que no alcanzaste a mirarme por última vez y me perdiste, me perdiste a la orrilla del pantano.

Pero yo prefiero quedarme muerta en el pantano y encontrar la forma de salir de él que salir corriendo como tú lo hiciste. Es muy probable que lo hayas hecho porque no eres como nosotros, porque nunca fuiste parte de la pandilla, porque nunca mostraste interés, porque tus vicios te consumieron, porque no hay disociación en tu cabeza, porque prefieres quedarte sentada fuera de las multitiendas y de los programas de televisión. Siempre te quedaste sentada escuchando la radio y no cantando la canción, porque nunca entendiste la negación ni viviste de una flor, tú, preferías cerrar los ojos y agruparte en masa.

viernes, julio 9

Mi café no lleva azúcar

Tengo muchos caramelos para darte ¿de qué sabor quieres?

Suelta el corta cartón de tus manos, princesa, no necesitas de un filo para cortar papel lustre.
No necesitas veneno en tu sangre para dejar de desangrarte, no necesitas de ácido en tus ojos para aplacar el llanto, no necesitas de vinagre en tus labios para dejar de sentir.

Necesitas que me vaya lejos porque mis dulces sólo te harán vomitar.

Lo siento mucho pero ya no tienes nada más que entregarme, no me puedo quedar.
Se acabaron las flores, las pinturas y las corcheas y te olvidaste de componer poesía.
Yo ya no puedo entregarte nada porque no quiero hacerlo.
Se agotó la búsqueda, dejé los fantasmas tirados en una esquina, rompí todos los muñecos y despegué en un cohete para convertirme en una estrella fugaz.
Desabroché los cordones de los zapatos y los dejé encima de una banca; no los busques, no son para ti. También debo decirte que se quebraron los cristales del espejo y ya no puedo ver tu reflejo en el agua porque no sé donde estás y yo no iré a buscarte.

Quiero decirte hola y desearte suerte. Pero la vida no es como en las películas.
Aunque no sé porque encuentro en cada esquina un cartel con un eterno resplandor de una mente sin recuerdos. ¡Pero que vil mentira digo, si nuestras vidas son más que películas, más que cuentos, más que libros!

Lo siento princesa,
ya no tengo nada que ofrecerte,
nos matamos de dolor.

ún tengo un botiquín en mi habitación
y un chocolate,

si quieres lo dejo en la esquina para que los salgas a buscar, pero no sigas mi aroma porque no me encontrarás, pero no sigas mis huellas porque no son de verdad, me iré volando como siempre lo he hecho.

Soy brisa, no cemento. Soy mareas, no mar.

Me encuentro en un estado cata-tónico. No tengo dulces de doctores en mi lengua, no los quiero tampoco. La locura temporal invade mi cabeza, los músculos se petrifican, los personajes surjen sin piedad desde mi imaginación.

Princesa, yo te amo, pero no soy real y la vida no es dulce.

martes, julio 6

Rediscado

Creo que no te estoy escuchando
disculpa hay ocupaciones
lo siento, yo no priorizo,
no contesté el teléfono
porque quedó en ninguna parte,
y olvidé buscarlo antes de llamarte.

Sin llamadas telefónicas
sin escucharte porque sonó el buzón de voz
creo que ya no te oigo, no comprendo bien
no se si me hablas en participio o condicional
no logro distinguir si tu voz se enfoca
en día o penumbra
en un sol sostenido o un do natural.

Deja de bailar tan despacio
sonríes sin rastros
gira analfabéticamente y comenta
en un bemol de corchea si se desquita
lo suficiente la esencia del movimiento
como para acelerar el momento;
desconéctate.

Yo no dejaré de llamar, el número
se marcó
el principio
sin final absoluto
sin comienzo relativo
con fenómenos comparables
con intuiciones
monosilábicas.

Aunque nos asuma un tono de llamada en espera.

Andrés nació poeta

Andrés nació poeta