Que fiebre más aguda, adivina quién apareció!
El oso de felpa, el trébol de una hoja, los baobats de tecnicismos, el metro de regreso, el hospital psiquiátrico, el pescado con espinas, la mayonesa en el choclo?
Te gustaba algo a ti?
Pero que fiebre más aguda, adivina quién no estará para cuidarme!
Te encargas de enfermarme y luego me dejas sola y no sé como lo haces porque yo nunca sé donde estás, podrías morirte, de vez en cuando.
Oh, pero si ya estás muerto!
Pérdoname, pero mejor no lo hagas, y llévate lejos tus fantasmas.
¡Mira, allá arriba hay una estrella roja que te espera! lleva tanto esperando que se deprime de putrefacción.
La fiebre aguda ésta, que me ha dado! adivina quien se fue corriendo, tras una escena imaginaria, que no volverá.
Yo también te amo, nunca dejaré de hacerlo o eso creo porque este amor que siento no se limita ni se agota, está congelado en mi cabeza buscándote y no te encontraré hasta que me muera contigo.
Pero sabes algo? El día en que me muera será porque se me olvide recordarte, entonces esta fiebre aguda invadirá mi cabeza, por tus celos histéricos, Andrés y me ahogaré de lágrimas tuyas, de haberte olvidado y no habrá nada más que me haga quedarme porque la putrefacción de estrellas si existe, oye, porque estaremos tan muertos que ni siquiera seremos alma.