No debería perder mi tiempo en este tipo de cosas.
Podría partir a la cocina a buscar el kujen de yogurt que mi padre me ha dejado como postre, para acompañar el café.
No me agradan mucho las cosas dulces. Me da fatiga, me provoca mareos y sensación de desmayo, prefiero tomarme el café, bien cargado y sentarme en el sillón.
Dejaré el azucarado de yogurt sobre la mesa.
Debería estar replicándome en DNA o sintetizando ribosomas, debería, pero quiero sentir sílabas en mis uñas, no expresión génica.
Aunque me propongo dormir un rato, el sueño se evade de mi psiquis y se arranca a otro espacio; tengo flojera, no quiero seguirlo, prefiero mantenerme despierta, aunque la cabeza me de vuelta de mareos, aunque los pensamientos se entremezclen, aunque las pupilas se dilaten de cansancio, aunque los párpados se peguen a la nariz.
No puedo remover la picazón de las pestañas ni el cosquilleo de la boca. Me gustaría pensar que me observas en ciertos momentos, que me piensas en silencios, que me evocas en recuerdos. Que talvez eres tú quien provocas la incomodidad de mi cara que se retuerce de alergia. Talvez me miras con intensidad a través de la ventana y yo sólo debo cruzar el umbral de la puerta para encontrarte. De sólo pensarlo, la presión arterial se eleva y me hace sudar lágrimas, me descontrola la ansiedad de sentir tu aroma, hasta que recuerdo que es sólo una idea ilusoria, ni siquiera tengo premisas posibles para concebirlo como una realidad alcanzable, es efímera, se desvanece junto al tiempo.
Me volverás loca, cantando en esa esquina: ¿No es dulce la vida?
Te grito en pesadillas cada noche y cada día. Suelo soñar con los ojos abiertos; nunca, casi, distingo cuando tengo abiertos los ojos, de cuando estoy despierta. Debe haber una predominancia de eventos oníricos pues a cada instante tus caricias me atormentan.
Con vestigios de pasto entre los dientes, me observo, al fondo el humo de una cacerola, hirviendo, consume trozos de carne animal y vomito de impotencia. Doy muchas vueltas, en rotación terrestre y de pronto te vislumbro, a media luz, frente a mi, sonriéndome de dolor. Te acercas despacio, demasiado, deprisa, muy poco, radiante, cortante, humilde, dulce, sarcástica, tierna, te detienes y mis alvéolos se trituran. No logro conseguir oxígeno para la circulación sanguinea, me desconecto de mi cuerpo para no sentir asfixia, te toco las mejillas, te tomo desde el cuello, te saludo con una sonrisa cálida, tu aroma envuelve mi cuerpo y me da vueltas la cabeza de placer, suspiras despacio y cierras los ojos, sin permitirte tocarme, sin permitirte desbordarte de pasión. Sin darnos cuenta, nuestros labios se rozan, dejo que me beses, quedar sin aliento, respirar de un espacio compuesto tan sólo por las dos, intoxicarme de tu boca, de tus suspiros, de ti, de ti...
Me volveré loca, cantando a media voz, ¿No es dulce la vida?
Creo que tomaré el azucarado de yogurt y lo pondré en mi boca, se acabó el café.
Podría partir a la cocina a buscar el kujen de yogurt que mi padre me ha dejado como postre, para acompañar el café.
No me agradan mucho las cosas dulces. Me da fatiga, me provoca mareos y sensación de desmayo, prefiero tomarme el café, bien cargado y sentarme en el sillón.
Dejaré el azucarado de yogurt sobre la mesa.
Debería estar replicándome en DNA o sintetizando ribosomas, debería, pero quiero sentir sílabas en mis uñas, no expresión génica.
Aunque me propongo dormir un rato, el sueño se evade de mi psiquis y se arranca a otro espacio; tengo flojera, no quiero seguirlo, prefiero mantenerme despierta, aunque la cabeza me de vuelta de mareos, aunque los pensamientos se entremezclen, aunque las pupilas se dilaten de cansancio, aunque los párpados se peguen a la nariz.
No puedo remover la picazón de las pestañas ni el cosquilleo de la boca. Me gustaría pensar que me observas en ciertos momentos, que me piensas en silencios, que me evocas en recuerdos. Que talvez eres tú quien provocas la incomodidad de mi cara que se retuerce de alergia. Talvez me miras con intensidad a través de la ventana y yo sólo debo cruzar el umbral de la puerta para encontrarte. De sólo pensarlo, la presión arterial se eleva y me hace sudar lágrimas, me descontrola la ansiedad de sentir tu aroma, hasta que recuerdo que es sólo una idea ilusoria, ni siquiera tengo premisas posibles para concebirlo como una realidad alcanzable, es efímera, se desvanece junto al tiempo.
Me volverás loca, cantando en esa esquina: ¿No es dulce la vida?
Te grito en pesadillas cada noche y cada día. Suelo soñar con los ojos abiertos; nunca, casi, distingo cuando tengo abiertos los ojos, de cuando estoy despierta. Debe haber una predominancia de eventos oníricos pues a cada instante tus caricias me atormentan.
Con vestigios de pasto entre los dientes, me observo, al fondo el humo de una cacerola, hirviendo, consume trozos de carne animal y vomito de impotencia. Doy muchas vueltas, en rotación terrestre y de pronto te vislumbro, a media luz, frente a mi, sonriéndome de dolor. Te acercas despacio, demasiado, deprisa, muy poco, radiante, cortante, humilde, dulce, sarcástica, tierna, te detienes y mis alvéolos se trituran. No logro conseguir oxígeno para la circulación sanguinea, me desconecto de mi cuerpo para no sentir asfixia, te toco las mejillas, te tomo desde el cuello, te saludo con una sonrisa cálida, tu aroma envuelve mi cuerpo y me da vueltas la cabeza de placer, suspiras despacio y cierras los ojos, sin permitirte tocarme, sin permitirte desbordarte de pasión. Sin darnos cuenta, nuestros labios se rozan, dejo que me beses, quedar sin aliento, respirar de un espacio compuesto tan sólo por las dos, intoxicarme de tu boca, de tus suspiros, de ti, de ti...
Me volveré loca, cantando a media voz, ¿No es dulce la vida?
Creo que tomaré el azucarado de yogurt y lo pondré en mi boca, se acabó el café.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Desintegre sus ideas en una cuota amena de sílabas ansiolíticas para incentivar la creación. No se asuste, la palabras no pican cuando se está drogado.