lunes, junio 21
5 Paramar [crecendo, a tempo, sforzatissimo!]
Ouch, el solo.
Te escucho Benito olvidando los acordes, te siento Valentina descordinando los platillos, te siento Tatiana concentrada en las cuerdas del bajo. Nos escucho y yo sin cantar. Nos escucho reirnos del "está sonando muy mal". Me acerco, Benito, para que escuches lo acordes y los recuerdes, para que toques ese sólo con pasión, la guitarra se desborda en estruendos y no nos deja escuchar nada más que sus chillidos. Valentina te miro, discretamente, para ubicarte en los tiempos, me autoconcedo el honor de director de orquesta y te señalo los timbales y platillos para que recuerdes en que momento golpearlos, el solo me está matando, vamos que se puede, podemos terminar esta canción, ya me tiene harta, la hemos tocado tanto pero nunca sale bien a la primera porque no paramos de reirnos, porque no paramos de picarnos por tonteras!. Primero Valentina, luego Benito, luego Catalina y Tatiana como punto de fuga. ¿Recuerdan los momentos que dejábamos de hablarnos?. Talvez Benito mirando la ventana, yo sentada en un ricón, Valentina en la batería y Tatiana con sus estupideces nos hacía reir con un "tatiana que eres estúpida" y volvíamos reir, a tomar el micrófono, a prender los parlantes y amplificadores, a tomar las guitarras y, 1,2,3,4. "Recuerdo cuando dije que este invierno, sería menos frío que el anterior" y esa segunda voz que jamás salía. Hey! niñas nos estamos alentando. Más rápido, más rápido ¿porque siempre nos pasa lo mismo? Parecemos tortugas! Valentina, prende la caja. No! se me olvidó la letra, Tati, canta "paramar, paramar o la voz de los ochenta en un intento fallido" y nuevamente reirnos y salir a comer papas fritas o los pedidos del kentucky o las pizzas o lo que fuera que nos dejaran en la cocina. Nos juntabamos muy temprano y terminábamos muy tarde. Veíamos películas y alguna vez lavamos un auto para juntar dinero para intrumentos. Aún hay monedas guardadas en la alcancía de pokemon. Nos componíamos de acordes estrechos y sinfonías maltrechas, desafinaciones en las guitarras y la la timbala que sonaba horrible y el platillo que jamás quisimos. "Yo no sé lo que me pasa cuando estoy con voz" y los sueños infantiles. El alcanzar tocar en el colegio, "ojalá no en el gimnasio, que suena muy mal!" Y lo conseguimos, lo más incierto de nuestras vidas, correr por Antonio Varas con guitarras, un bombo, hit hat y el micrófono, sin nada más que las canciones sin ensayar y canciones sin terminar de scar. ¿Qué hacemos? Con la no-caña del día anterior, el fantasilandia del Vodka y la Chimba insensata de la cual teníamos prueba. Fue la semana más extraña de mi vida. Sin amplificadores decentes, un pedal del bombo sin funcionar, la primera cuerda que se cortó en medio de un solo, ¿qué más podría pasar? Pero no sé porque lo recordamos como un desastre realmente gracioso, es que fue tan insólito fin de semana que no podremos olvidarlo. Que no podré desligarme de mi banda, inconstante, casi muerta, abolida de sueños de juventud, pero única, grande y nuestra.
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Andrés nació poeta
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