jueves, octubre 6

Leprechaun

Entienda don juez: no somos testigos de una historia. Usted está hablando con protagonistas. Nuestro objetivo es distinto. Mire. Nadie nos paga sueldo. Ninguna organización internacional nos otorga ayuda. No tenemos previsión ni seguro social o de salud de ningún tipo. No votamos en las elecciones, es decir, no somos cuidadanos. ¿Qué más le digo? Nos causa tanto malestar cualquier uniforme que desconfiamos hasta de los bomberos.



Jaime Casas, Leprechaun

La comedia del infierno y la educación

Hoy en día, en medio de la controversia por la educación.

Marchas por 5 meses, tomas, paros, huelgas de hambre (que algunos olvidan), barricadas, piedrazos, lacrimógenas, lienzos, pintura, carnavales y ansias de libertad.

Hoy en día, abajo se indefine el diálogo.

Un díalogo maltrecho, un diálogo sin proyecciones ni bases sustentables. Argumentos falaces de aquellos que se hacen llamar la clase política que más bien son la clase cosmopolita neoliberal y enriquecida, con el sudor de mis abuelos, mis padres, mis ascendientes y esperemos que no mis descendientes.

Salimos a marchar, a jugar a la marcha entre carabineros subordinados que disfrutan del repliegue en la batalla campal. Agobiados por el sudor interminable y el aire irrespirable. Nos atentadoron infinitas veces con sus gases, su orina y su caca, como si fueramos güater o alcantarilla. Parecía de veras que los zorrillos se cagaban mientras avanzaban a reprimirnos, parecía de veras que el guanaco se meaba en nuestras cabezas...

Y con mis padre y muchos otros no hayamos otro refugio que una iglesia. La casa del señor.

Mientras el cura realizaba la misa, éran miles afuera, en distintos puntos de la capital, que luchaban por no sucumbir ante los pocos modales de las fuerzas especiales que se cagaban en nuestros zapatos. Éramos decenas dentro de la iglesia esperando a que calmara un poco la commoción, porque no se podía ni caminar afuera. Pacos replegados en todas las vías de escape, gases lacrimógenos por los tubos de sus móviles contaminantes y represión, represión, mucha represión.

El cura seguía realizando la misa, a pesar de lo irrespuetuoso de la coyuntura y nosotros tosíamos y lamentábamos los ojos de irritación e interrumpíamos la misa, y el cura cantaba y las señoras también, mientras nosotros tosíamos y mirábamos hacia afuera esperando que esa nube tóxica, se alejara del lugar.

Con mi padre, sacamos fotos durante todo el rato. Hartas, muchas. Pacos indignados, estudiantes corriendo, abuelitos gritando por una mejor educación y todo lo dejamos registrado en una cámara celular.

Hasta que la iglesia se le ocurrió reprimirnos.

Lo que es la vida, las vueltas del destino. Lo que es la suerte, el éxito interrumpido.

Extrañamente, la cámara celular se bloqueó. Intentamos sacar fotos adentro, pero nunca más resultó. Incluso después de salir. Como si Dios y su hijo y quizá hasta la virgen nos hubieran castigado con los lazos de la cruz.

Yo no digo que Dios no exista, pero de que es facho, no lo puedo negar.

Estoy preocupada, después de esto, seguro me voy al infierno.

Y yo que creía en un Jesús anarquista.

miércoles, octubre 5

desierto de luz

en parte, amigo del viejo simio colonizador
en parte amante, del nuevo nicho conciliador
me haces, me extrañas, exageras por costumbre
en palabras vocálicas con actuares consonánticos
ajustes
¿eso quieres?

la paronimia del mimo necio encomiado
desviste tus pelos crispados
a la insolencia nostálgica de la luz

te fuiste
y el simio apagó el universo.

Acá en tiempos impares

Yo sé que debería dejar de comerme las uñas, pero yo de verdad lo intento, enserio, dejo de hacerlo cada vez que te veo. Eres mi mejor antídoto y en varias cosas, de esas que tú sabes.
A veces me causa risa algo y debo llamarte para evitar esa presión que se genera en mi abdomen al aguantarme la risa. Yo sé que debo dejar de molestarte, por eso ya no lo hago, pero es más divertido cuando me río del porvenir contigo.

Te acuerdas de esas últimas canciones? Yo a veces; recuerdo más las primeras. Sé que cometí errores, pero traté de compensarlos, traté que los olvidaras. Quería que fuésemos felices hasta el fin de los tiempos pero yo nunca pensé que el final de los tiempos tenía momento concreto.

Ahora se detuvo el tiempo y se quedó estancado en ese tiempo del no-ser. Yo no sé, pero parece que tú nunca caíste en estancamiento, te seguiste moviendo tan de prisa, que te perdí de vista.

Ayer yo seguía atascada en ese espacio presente tan frágil, pero vi una película, sabes? Te la conté, creo, no recuerdo. También vi la sinopsis de otra película que te encantaría, ¡deberíamos ir a verla! y pensé que mi pie era el atascado, ese pie que te he contado que es más grande, tal vez por eso no podía caminar. No sé tú, pero yo camino hacia arriba y no se trata de subir escaleras, avanzo hacia el presente, ese que es efímero.

Hace unas horas miré atrás y vi un universo muy grande. Anticipé que ya no te necesito, pero te extraño aún, sabes?, cada minuto de mi existencia y no sé que me avecina el porvenir, tampoco sé que me apresura el deseo, pero algo que tengo claro, es que siempre osaré recordarte, por lo menos hasta enamorarme otra vez o perder la memoria y aún así, seguiría visitando recuerdos, las memorias de ese universo. Caminar por ahí sin destino preciso, pasar esas mañanas contigo en la cama, esos días en que los mayores trabajan. Y esos domingos en el parque, o esos sábados en el centro o esos martes que te bajabas en mi casa y me enseñabas acerca de infinitos. Y todos esos días, puta que amo esos días y todos esos días que aún tenemos (escondidos en el inconsciente)

Buenas, buenas, compañero.

Reina japonesa ¡dónde estás!

La reina japonesa se enamoró de la sirena nadadora que perdió las semifusas en una partitura que ya no recuerdo pero que sé que resplandece de vez en cuando. No resplandece de brillo, resplandece de sangre. De un destello rojo, de una luz que enceguece los ojos de quien la vislumbre, de quien la encuentre.
Ella, quiso salir a jugar al patio, a saltar el luche y dibujar con tiza los recuerdos y los girasoles que plasmaron juntas en una banca. Ella y cuando hablo de ella no se a quien me refiero. Estaba escrito en una partitura que no recuerdo pero que sé que resplandece de vez en cuando. No resplandece de brillo, resplandece de sangre. De un destello rojo, de una luz que conmueve a quien lo detenga, a quien lo retrate.

La cuidad y sus esquinas estaban perdidas en un sueño que ella deshacía cada vez que permitía que las pesadillas acobardaran su cabeza. Cuando por las noches intentaba suspender las llamadas telefónicas de Bolaño y perpetuar el sentido de lo humano de un Humberto Maturana callado de frío, que, se impacientaba ante la desfiguración de una poesía en decadencia que no hablaba de muerte ni nombres falsos, que no comentaba ni a Chile ni a sus abrazos, que se hacía llamar Sasha y recobraba los anonimatos de aquel que se cambia el nombre, de aquel que se pierde en un puerto de Valparaíso, ya no hijo de ladrón, ya no hijo de carnicero, ya no hijo, más bien, padre ausente. Permanecían aisladas, las esquinas, pues, en callejones sin salida, en muros sin paredes, baños sin retretes, en imágenes perpetuas pero viciosas de pesadillas y llamadas telefónicas ausentes.
Los árboles y las bancas quedaban encerrados en una acuarela sin agua, porque ella misma aceite le entregaba, la llenaba de parafina y la incendiaba de cosas mártires, de asuntos que brindaron honores sin brindar nada pues para ella no existe el honor de las acciones, porque para ella no existen verdades, ya no cree en nada o no le cree a nada. Prefiere sucumbir ante el tormento de un García Madero sin María, de un Alberto Belano sinrealvisceralismo, sin la pornografía de un feminismo malentendido de las hermanitas sin nombre plasmado en fotografías de un Gastón Acosta sin comedia del arte, sin la velocidad e instantaneidad del futurismo fascista, pues se olvida que es un recuerdo dado por dos y que de a dos se destruye no de a cero, no existimos en superioridad ni en raza.

Ella, mientras tanto, quiso salir a recorrer la pieza vacía, para cantar sílabas, conversar de sucesiones anecdóticas, de murmullos antiguos, de promesas que se desfiguraron en la nada absoluta, anacrónica y disfónica .Pero cuando a ella me refiero no se muy bien de quien estoy hablando. Estaba escrito en una partitura que no recuerdo pero que sé que resplandece de vez en cuando. No resplandece de brillo, resplandece de sangre. De un destello rojo, de una luz que deshace los labios de quien la toque, de quien la brote.

Y su voz sube un poquito de tono. Es más agudo el ángulo que subtiende en las palabras, de ella y de ella. Son dos ella, son doncellas. La reina japonesa se enamoró de la sirena nadadora y salen a recorrer fantasmas en una pieza sin nombre que se olvidó de retratar fenómenos y que dejó en blanco un libro de historias, no porque borró su partitura sino porque quiso convertirse en fantasma, la pieza sin nombre, quiso que se recorrieran despacio, las doncellas amantes, sin hacer ruidos, que se atravesaran intactas, sin hacer nudos en sus pies para que pudieran caminar tranquilas de regreso a la partitura no encontrada y buscarla bajo escombros sin hacerse daño, silenciosas e intactas, las doncellas de la página del libro de historias sin partituras borradas. Talvez, se piensa, que consiguieron hacerse una, que por eso no es posible el desmembramiento.
Porque La sirena nadadora se enamoró de la reina japonesa que perdió los sol menor sostenido en una partitura que ya no recuerdo pero que sé que resplandece de vez en cuando. No resplandece de brillo, resplandece de sangre. De un destello rojo, de una luz que enceguece los ojos de quien la vislumbre, de quien la retrate para constituir una obra de arte.

Pachamama (diseño de alfiles)



Pero aquí prima la libertad.
Son los güanacos buena onda los que te quieren convencer
de que practiques natación,
esos güanacos hervívoros
justo como tú
pero más peludos
e inocentes.




Comezón de histeria en la boca

Un pez encandilante palpitaba en tus brazos, cuando decidiste que la mejor opción era cortar las flores del jardín.

La fertilidad del huerto, no es suficiente-. comentaste y yo me quedé con el augurio de gatos maullando a quebranto en esta noche tan muerta.

Los gatos, sacaron todas las plantas, te conté? Rompieron todos los tallos y hojas que plastaste en el jardín. Aún así, tu aroma impregna la muerte...

Con tus manos congeladas, llenas de escarcha y brillo, recogiste tu rostro de entre las últimas flores y te levantaste un poco adormilado para caminar con probabilidad decisiva. En ese crujido de campanas, me dejaste sin los mares de tu geografía y marchaste a otra habitación.

¡Adiós!-. grité muy fuerte.
Y tapé mis ojos, que estaban desnudos.

Andrés nació poeta

Andrés nació poeta