martes, junio 22

2 Paramar [primer movimiento]

"Recuerdo cuando dije que este invierno, sería menos frío que el anterior y aquí estoy, congelándome"

Se me olvidó prender el calefactor y apagar la luz para quedarme dormida, en estos meses.
Nunca había hecho tanto frío y si lo hizo, no me acuerdo o no era conciente de ello.
Me gustaría dormir para despertarme en un nuevo día, como lo que pasa a uno cuando duerme. Pero me es más fácil mantenerme despierta, soñar con los ojos abiertos y ver dragones en los pantanos que me rodean. Sé que me estoy moviendo pero me petrifiqué de inercia y quedé congelada por una energía cinética escasa, por una aceleración nula, por una fuerza neta agotada, quede congelada y no estaba escuchando música.

"No es fácil para mi hablar de esto y manosear las mismas palabras de amor que se entregan, a cualquiera"

No es fácil y jamás lo será. Porque yo pronuncio pocas palabras; hablo mucho, chamullo harto pero no digo nada. Nunca hablo de amor y mucho menos digo palabras de amor. Tampoco suelo mencionar los temas que lo convoquen o que lo insinúen por más mínima que sea la invocación, porque me pongo tímida, porque me siento insegura, porque es difícil, porque uno sufre, porque siento demasiado, porque me enamoro intensamente, porque me entrego con facilidad, porque para mi esto es importante. Y lo importante no lo digo a cualquiera.
Por eso nunca me declaré cuando tuve que hacerlo. Por eso otras tantas me quedé con la incertidumbre de "qué hubiera pasado si yo", por eso me arranqué, por eso lloré tanto la primera vez que me enamoré, porque hubo y no hubo, porque era necesario y no lo era, porque es esa palabra que puede destruir todo y contruir un mundo entero a la vez.


"Paramar, paramar, debes tratar de poco entregar. Paramar, paramar, tú identidad debes falsear"

Y muchas veces falseé mi identidad, pero entregué mucho de mi.

Me acuerdo cuando era todo era un círculo en mi cabeza. Todo se trataba de él y de ella, de ella y de él. De las amigas, de las peleas, de los "ya no es lo mismo, no quiero que seas más mi amiga". Del 8vo básico marcado por el "fue el mejor año de mi vida", marcado de las injusticias, de los llantos, del intentar salvar todo lo que se intentaba desmoronar, del ser el pilar fundamental de muchas personas, de ser la madura, la que siempre sabía que hacer, la mejor amiga de todos pero sin ser amiga de nadie, la que escondió todo sin ocultar nada, la que era pero nadie sabía que era.

De sentirnos dueños del mundo...

Fue cuando me enamoré por primera vez de un hombre que no me dejó más que su nombre en el bolsillo. Con él recorrimos universos, nos deshicimos del tiempo y no fuimos conscientes del espacio en que habitábamos. Rayamos las calles con tiza y letreros con palabras de amor sin hablar de amor porque con él nunca hablamos de amor. Nunca nos dijimos nada pero siempre supimos todo, pues no era necesario nada más que un sombrero, las nubes y un árbol. Pero el amor se agotó de injusticias, de incertidumbres y él decidió perecer ante la impotencia de no poder lograr lo que siempre quiso lograr, de no ser capaz de permanecer y perdurar en infinitud. No pudo más y se agotó. Yo nunca suelo hablarlo porque es mejor que se quede callado bajo tierra, así talvez se de cuenta que él deja marcas, no rastros.

"Paramar, paramar, siendo estúpido serás feliz. Paramar, paramar, debes evitar soñar, debes olvidar soñar"

Entonces me olvidé de todo. Nunca más tuve memoria y viví sin saber que lo hacía. Grité muchas veces, alzé mi puño otras tantas, desde hace un tiempo ya que me nombraban como niña problema, cual semilla del mal, hija del demonio, comunista empedernida y con otras tantas cosas me nombraban, dignas de ser hija de la revolución sin causa alguna, que me cansaron de estruendos.
Pero igual dejé de sentir, porque no tenía ganas. Entonces dejó de importarme todo, dejé que nada me afectara. Dejé de ser vulnerable. Entonces una persona, un poco inconstante en mi vida, apareció con una sonrisa entre los dientes y deslumbrándome de risas me enseñó a reir por reir, a no impacientarme por nada, a vivir sin complicaciones, el optimismo fue nuestro sueño y ser estúpido nuestro ideal. Y nos jactábamos de los demás con un "siendo estúpido serás feliz". Nunca nuestra relación fue constante, nos pasábamos viviendo entre malos entendidos y peleas inútiles pero nos quisimos tanto que nos destrozamos de intensidad, de falta de comunicación, de converger siempre en un punto ciego.

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Andrés nació poeta

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