domingo, abril 10

te llamé

estabas al frente
y te llamé
silencio indiferente
reflejo espectador
de ese algo que no fué
y que no volverá a ser

la verdad es que te llamé
antenoche
y las noches que antecedieron
a mi antenoche
la noche posterior
colgué tus cartas
con basura encrespada
en las sílabas perversas
que hablábanme de lo llegaría a ser
si vivíamos

te llamé entonces
como todas las noches
como las noches más oscuras
e interminables en el llanto
porque lo bueno de llorar
es consolar al desencanto
de llamarte y que me cuelges
pero no las cartas pasajeras
que me cuelgues la voz
con un recado de indeferencia.

la noche de ayer te llamé
dije, por última vez
y me contestó tu padre
diciéndo que habías partido
o talvez era tu madre
o algún colegial amigo
vecino en el barrio
con barro,
me dijeron que marcharon
tus zapatos.

a la muerte del número errado
y que siempre esperaste mi llamado.

pero yo juro por mi vida que te llamé
o eso pensé
cuando deselvolvía
el regalo de cumpleaños
que papá me dio
pensando en el aniversario
de los problemas de voz
y la ceguera imparcial
de la degenerativa enfermedad
con desenlace fatal

te llamé en mis sueños de muerta
te llamé
y lo bueno de llorarte
es que mis lágrimas son de aire
bajo el ataúd del teléfono perdido
por el cual marchaste.

ahora estaremos juntos
bajo tierra
volando en el cielo
cenizas pasajeras

te llamé, andres
yo juro que te llamé.

jamás abras los ojos

jamás abras los ojos
porque el universo que no fué
cegó tus sueños.


jamás abras los ojos
y has como que duermes
haber si sueñas, otra vez.

la poética de david

era ese complemento análogo
él que solíamos comer con destreza
me conducía hasta recorrer tus recintos geográficos
la insensatez de prolongarte por mis brazos

la amigable delicia, david
la inexplorable sensación de fugacidad duradera
del instante en que mi boca sonríe en tus labios
y que la destreza de los movimientos lingüisticos
crean la vanguardia que ha de nacer de un beso,
nuestro.

aunque más que discutidas son las mañas
de ese placer perverso cuando intimido tu pelvis
y tu estómago de intrigas orgásmicas

ese ruido proveniente de la ventana
que financia nuestro encuentro
se somente
y susurra sin que lo notemos
sin que las caricias sean identificadas

pues es nuestra la vida,
nuestra, david!
en todo este instante.

esa sonrisa que diseña mi mundo
y el arquitecto poeta presente en tus ojos
la poesía deliberante en mis manos de infancia
y la belleza del fragmento planetario unisónico

es esta locura de desenfreno infantil
que nos convoca en un punto incoherente
bajo el flagelo de tus piernas neurálgicas
en el ruido del silencio expectante

bajo la inflexión de tu piel
en el espectro amanecer de tus labios
y la inclusión de oyente reciente
de esas palabras tan tuyas en brazos

tan parte el uno del otro
mimetizados, por el mismo cometa a tierra

y el amor!
proyecta la vida!

la invisibilidad del mundo...
pues se detiene un poco el tiempo ante mis ojos

estamos tan cerca que ya ni lo notas
el sentido común del vuelo gravitante
en nuestro común punto de analogías sintácticas
al decir esto aquello o lo otro
teorías sin prácticas
pero aún nosotros
de un tiempo complejo solidario
egoístamente compartido
sólo en nuestras manos.

yo tengo ojos cuando estoy contigo
eres mi reflejo, la fiel refracción de mis deseos.

la vida se compone porque logro
observar la proyección de tu cuerpo en mi espalda
la vida es vida porque existes en mis ojos
y la muerte es muerte porque existes en mis labios
morir es el placer de entregarte mi esencia cada día
viviendo en la espera ininterminable de abarcarte por completo
david, eres
david, el cielo infinito
david, mi congoja planetaria
david, mi condición de amada

pues es nuestra la vida
nuestra david!
en todo este instante.

y la poética...

fué bueno verte

es otoño
pero con hojas primaverales
y con acento en la piel
tu piel.

es otoño
y la lluvia penetra en los párpados
cerramos los ojos
pero dispuestos al encanto
fue bueno verte
ayer

las gotas caen
y tú pisas las hojas
el ruido del frenesí
y la inclusión de tu boca
en mi nariz
con sabor a lluvia de otoño;
ritmo amarillo fecunda aquí

ha sido bueno verte,
siempre

es otoño una vez más
un otoño para dos
es abril otra vez
y te tengo aquí
bailando frente a mi

las caderas en posición
los lamentos en el cajón
las alturas en los pies
y es otoño contigo,
otra vez.

es bueno verte, aún

un otoño para dos
un año para dos
un beso para dos
un deseo para dos
una mano para dos
una pieza para dos
la música para dos
los poemas para dos
y parados nos hemos quedado
a pesar de las caídas,
en pie
y con ganas de seguir jugando
este otoño más
de obsequio
un juego entre dos
para dos
por dos
bajo dos
a dos
ante dos
con dos
según dos

fue bueno verte
según dos
aunque segundos
fue bueno verte.

y ha de ser así infinitamente
por la superioridad de límites
perdidos e inexistentes

fue bueno verte
es bueno verte, hoy.

ésta es para decir adiós

eres una de esas intrigas del cielo
equívoco error de la histeria
plasmante miseria.
tu voz siempre lloró en la elipsis
silenciosa,
sutil flagelación del universo.

ahí estuve derribando tu puerta,
intentando despertarte del sueño efímero
que mutilaba la suave tragedia de tu piel.
tirano desperdicio,
soberbio descontrol,
pero aún así, no me dejaste seguir en ti

fuimos un peligro público que consumió el manicomnio, amor!

somos uno de esos errores del cielo
bendita prudencia.
fuiste hija de la multiversia romántica
y con errores de cielo flagelaste el universo.

oh, mi amor, oh, amor.

eres la voz que me hizo llorar,
el destino que me hizo morir,
la fortuna de amar,
el error de despertar
y que me obligó a yacer herida, ante tu piel
con cortes de sangrante histeria colectiva.

¿cuándo fue que perdimos la inocencia?

tuve que hacerlo, tuve que matarte y morir, luego
o sino terminaríamos...

ahora sólo nos queda una canción para decir adiós.

y la voz que me hace llorar.

ésta es la última
ésta es para decir adiós.

Andrés nació poeta

Andrés nació poeta