domingo, junio 20

Ahora, amapolas.


Valentina, eres como cielo. Catalina es como mar.

Siempre quise escribirnos en un cuento.

Tú un pájaro, yo un pez.

Ambos tan libres o tan encarcelados en sus propios medios de transporte, en su propia comunicación. Siempre tú, intentando alcanzar lo más alto, yo siempre intentando descifrar todo hasta alcanzar lo más profundo. Si medimos nuestros puntos de referencia no tenemos un arriba ni un abajo, siempre estamos flotando. Yo más cable a tierra que tú, por cierto. Pero tú menos ilusa que yo, de todas maneras. Siempre he sentido el "complemento" como tu conciencia, algo así como la parte razonable de tu ser. Inmadura racionalmente, pero emocionalmente muy inteligente es Valentina. Es difícil medir la inteligencia emocional, pero si puedo representarla en algo, es tu capacidad de conducir emociones. Esa virtud de desligarte de lo que se de te la gana, de siempre saber que hacer para conseguir lo que quieres o a quien quieres, para manipular emocionalmente a todos los que te circunden,
para
por
para,
para ti.

Catalina, en cambio, nunca aprendió a salir del cascarón.
Su emocionalidad
es de un niño de 3 años,
llora por todo,
se siente por todo,
se desespera y pierde el control muy rapidamente cuando de sentimientos se trata.


Mientras tú manipulas con sonrisas, yo manipulo con palabras.

Pues como sea, nos vamos componiendo tú con teatro yo con música. En tiempos de antes, de ayer, de mañana, de superioridad, de enajenación, de violencia, de mañas, de sueños, de de y mucho más. Con nuestro anhelo imperialista, ambicioso, egocéntrico, narcisista. Ambas idénticas pero completamente diferentes, individuos impares.


Y si lo ves desde mi punto de vista, es algo triste este ahora.

Ese "algo" que está pasando, que es probable, como siempre, que yo lo note y tú no.
Esa rareza en tu actuar y en mi percepción.

No sé que nos pasa, lo siento ajeno.


Talvez sea más intenso en mi por la petrificación que siento. Sentirme estupefacta de este tiempo pero con mi cabeza dando vueltas y mis pensamientos rotando en un espiral. Quisiera sentirme cómoda frente a la inercia del movimiento pero mis brazos me llaman bajar del tren, a salir volando, a correr lejos, a salir del encierro, ese encierro que ambas sentimos. Esa necesidad de irse, ahora, lejos.

"when i was a child i have a fever
my hand felt just like two balloons
now i've got that feeling once again
i can't explain you would not understand
this is not how i am
i have become comfortably numb."


Si necesito, necesito de ti, necesito de ambas.
Si extraño, la extrañeza se vuelve Valentina.
Si confío, es porque existimos.
Si comparto es al caminar contigo.
Si hablo, es porque te veo la cara.
Si importa, fuimos nosotras.

Suelo olvidarme de querer, pero a ti si te quiero, probablemente una de las únicas personas.
De hecho te quiero muchísimo, por cierto es orgullo mencionar la palabra amiga cuando de ti se trata, como una hermana.

Pues a pesar de que mi cabeza se quede congelada por el principio de incertidumbre de la energía cinética de mis partículas subatómicas eres eso que no sé como decirlo porque no hay palabras, eres, sólo.

Talvez sea el miedo, talvez sea el espanto. La sensación inevitable de no verte más, la sensación de extrañarte antes que te vayas. Ya ni sé que palabras mediar para sacarme de la cabeza la madeja de ideas colapsantes. Esas ansias de libertad compartidas, sé que la que se vaya no serás sólo tú, también me iré yo. Y no hablo de un "irse" físico, es volar, más bien.
Siendo donde sea que estemos, estando donde sea que no estemos, es la infinitud de una estrella eterna la que quiero que permanezca, no tú, no yo, no las dos, lo infinito.
Quiero mirar hacia arriba y verte en las luciérnagas, quiero que mires el mar y me veas en mareas.

Cuando te vayas, lloraré como nunca he llorado.
Cuando te vayas, seré y dejaré de ser.
Cuando te vayas miraré el cielo y me compraré un ramo de flores.
Cuando te vayas, las dejaré en un florero y me habré ido yo también.


Porque se llamaba Valentina y yo la bauticé Amapola.

Y despegó el cohete.
¿lo ves?

1 comentario:

  1. yo tengo una herida, una muy grande, una de esas que no se sanan.

    Yo tengo una herida tan grande y tan aquí, y me duele, y todo lo que me ve, y todo lo que me toca, me hiere más.

    He perdido las ganas, he perdido esperanzas, he perdido amigos (si es que alguna vez lo fueron), he perdido canciones, he perdido historias. Todo lo que hay es más triste y un poco blanco y un poco vacio.

    Pero a ti no
    es un espacio
    un paréntesis
    me cortaron la luz
    o yo me la corté quién sabe
    y olvidé,
    olvidé donde está el interruptor.

    Cuando me vaya no habrán despedidas
    porque nunca nunca, me iré de ti
    porque existen los boletos de vuelta
    y los teléfonos públicos
    y todo el amor que te tengo.

    ResponderEliminar

Desintegre sus ideas en una cuota amena de sílabas ansiolíticas para incentivar la creación. No se asuste, la palabras no pican cuando se está drogado.

Andrés nació poeta

Andrés nació poeta