Te devolví eso que no creíste que te devolvería, porque tú lo guardaste en mi mochila con las ganas locas de la escolaridad, del jumper y las piernas bonitas, porque cuando lo guardaste, lo guardaste con la ternura de pensar que yo no tenía nada que devolverte. Y sin pensarlo, sin darme cuenta, yo te lo devolví igual.
La locomotora que tanto me gusta se tranformó en eso que nunca te entregué porque no supe jamás como hacerlo.
Y te devolví mi corazón alivianado de quererte y sentirte en mi (con la literalidad de una juventud hormonal)
Pero sucumbí ante el amor...
otra vez.
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Desintegre sus ideas en una cuota amena de sílabas ansiolíticas para incentivar la creación. No se asuste, la palabras no pican cuando se está drogado.