Sin perspectiva te encontré un día de palpitaciones desmedidas y pasto entre la lengua. Caminaba por ahí y te vi sin verte, porque no suelo mirar mucho a los ojos, sobre todo a los tuyos que son tan grandes y directos y tan ojos que miran. Intimidada por la presencia de unos ojos así, decidí correr la mirada a un espacio con refracción absoluta, intentando huir, sin lograrlo. La soberbia de tus ojos grandilocuentemente compuestos, absorbió la atención visual y de a poco me fui acomodando en tus pupilas, insensatas, que mirábanme con ansias por encontrar un momento en que la absorción fuera completa.
Y la refracción se convirtió en reflejo...
Y la refracción se convirtió en reflejo...
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Desintegre sus ideas en una cuota amena de sílabas ansiolíticas para incentivar la creación. No se asuste, la palabras no pican cuando se está drogado.