El otro día, iba caminando por la calle y miré el suelo.
Seguí caminando por un largo trecho de esta manera: mi vista continuaba clavada en la superficie terrenal.
Después de un largo rato alguien se me acerca y me pregunta:
- ¿Te sientes bien?, si sigues así, chocarás contra algo.
Entonces, si despegar mi mirada del pavimento respondo:
- Por lo menos no será contra el suelo, la naturaleza me protege: caeré boca arriba.
El alguien no me entiende y se va de mi lado con cara de desconcierto. O no comprende nada de lo que le he dicho, o quizá, no lo quizo entender. Talvez le dio miedo de tropezar él y caer contra el suelo. Claro, no tiene idea por sobre qué camina, no se da cuenta que bajo estas calles en algún momento el verde florecía con euforia y proclamaba vida. Antes, antes de la llegada del genocidio.
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