En esa calle, a media noche, me volviste loca cantando, "¿No es dulce la vida?"
Tú sabes cuanto me gusta volar. Suelo irme volando y tú no querías dejarme en libertad.
Es que creo que te costaba comprender mis deseos ansiosos de ser libre, pero siempre te quise llevar conmigo a un lugar lejano, ajeno a esta realidad inherente a mi cuerpo. Siempre quise soñar y me morí soñando y reviví soñando y es que para mi todo resulta de una realidad paralela, ¿es que acaso no lo entiendes? Yo nunca he sido de este lugar.
Pero no es encantador provocar la sensación de irrealidad a la persona que uno ama. No sabes cuando dolor me provocaba saber la utopía que yo resultaba ser para tus sueños, lo inalcanzable de mi esencia no es algo de lo que me enorgullezca, pero yo nunca pude estar a tu alcance porque no quisiste volar conmigo y yo cuando te encontré, te encontré en el cielo. ¿No te acuerdas?
Pero la inseguridad de mi ausencia-presencia te hizo bajar a la tierra. Nunca nos entendimos pero no importaba, nos amábamos demasiado para dejarnos. Hasta que las cosas se tornan grises, hasta que la tormenta imposibilita la conexión, hasta que se apaga el sol.
Es tiempo de prender la luz, entonces.
Yo enloquecí de amor alguna vez, yo enloquecí por no tenerte y por tenerte también. Los delirios constantes de nuestras peleas, de nuestros desencuentros y también los encuentros. Tocarnos, hacer el amor, compartir caricias apasionadas, también enloquecieron nuestras mentes, también nos mataron de emoción.
Es por eso que reconozco los matices de nuestra historia y los guardo aún en mi memoria. Porque te encontré, porque tuve un amor, porque cree magia y me convertí en magia pura, ese día, ese 25. Pero el tiempo gira, cambia, vuela, que se yo. Y las heridas se cierran. Las cicatrices quedan, pero ya no le temo a las caídas.Tengo mucha piel en donde acumular cicatrices.
La magia se impregna en la esencia y nuestra historia de amor, nos marcó tanto a ambas, que es imposible no recordarnos sin saber que alguna vez fuimos felices, que alguna vez el amor marcó los compases de nuestros besos, de nuestras conversaciones.
Mírame, hasta hablo como solías hacerlo tú...
Pero ya no te extraño como antes lo hacía; sí, claro que te recuerdo, cada día de mi puta existencia aunque ya no me importa, porque la memoria, ya no me corta la respiración.
Tú sabes cuanto me gusta volar. Suelo irme volando y tú no querías dejarme en libertad.
Es que creo que te costaba comprender mis deseos ansiosos de ser libre, pero siempre te quise llevar conmigo a un lugar lejano, ajeno a esta realidad inherente a mi cuerpo. Siempre quise soñar y me morí soñando y reviví soñando y es que para mi todo resulta de una realidad paralela, ¿es que acaso no lo entiendes? Yo nunca he sido de este lugar.
Pero no es encantador provocar la sensación de irrealidad a la persona que uno ama. No sabes cuando dolor me provocaba saber la utopía que yo resultaba ser para tus sueños, lo inalcanzable de mi esencia no es algo de lo que me enorgullezca, pero yo nunca pude estar a tu alcance porque no quisiste volar conmigo y yo cuando te encontré, te encontré en el cielo. ¿No te acuerdas?
Pero la inseguridad de mi ausencia-presencia te hizo bajar a la tierra. Nunca nos entendimos pero no importaba, nos amábamos demasiado para dejarnos. Hasta que las cosas se tornan grises, hasta que la tormenta imposibilita la conexión, hasta que se apaga el sol.
Es tiempo de prender la luz, entonces.
Yo enloquecí de amor alguna vez, yo enloquecí por no tenerte y por tenerte también. Los delirios constantes de nuestras peleas, de nuestros desencuentros y también los encuentros. Tocarnos, hacer el amor, compartir caricias apasionadas, también enloquecieron nuestras mentes, también nos mataron de emoción.
Es por eso que reconozco los matices de nuestra historia y los guardo aún en mi memoria. Porque te encontré, porque tuve un amor, porque cree magia y me convertí en magia pura, ese día, ese 25. Pero el tiempo gira, cambia, vuela, que se yo. Y las heridas se cierran. Las cicatrices quedan, pero ya no le temo a las caídas.Tengo mucha piel en donde acumular cicatrices.
La magia se impregna en la esencia y nuestra historia de amor, nos marcó tanto a ambas, que es imposible no recordarnos sin saber que alguna vez fuimos felices, que alguna vez el amor marcó los compases de nuestros besos, de nuestras conversaciones.
Mírame, hasta hablo como solías hacerlo tú...
Pero ya no te extraño como antes lo hacía; sí, claro que te recuerdo, cada día de mi puta existencia aunque ya no me importa, porque la memoria, ya no me corta la respiración.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Desintegre sus ideas en una cuota amena de sílabas ansiolíticas para incentivar la creación. No se asuste, la palabras no pican cuando se está drogado.