Recuerdo cuando te solía mirar la boca de pura morbosidad absurda, porque los tiempos pasajeros de andantes caminantes en metros parques y ciudades sólo me permitían pensar en partituras sin terminar, en pentagramas sin dibujar y una infinitud de situaciones musicales inarmónicas. Porque el amor me daba patadas en la cabeza y en el pecho cada hora que pasaba.
Pero comenzó la hipnosis...
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Desintegre sus ideas en una cuota amena de sílabas ansiolíticas para incentivar la creación. No se asuste, la palabras no pican cuando se está drogado.