Indiscutiblemente era tu voz malcriada con gestos de niña malcriada
con inocencia de gente malcriada con encantos de locura
malcriada y tus relatos arrítmicos y tus versos neurálgicos
de descontestos fatales y un coma diabético
y un cáncer de huesos y un color en las mejillas con sabor
a carne cruda, con olor a carne cruda, con vestigios de carne, carne cruda.
No te canté con delirio porque necesario aún no era
tú me mirabas con desconcierto frente a la voz perversa
de mis ojos que te irritaban, de mi nariz que te penetraba
las entrañas y comía a mordiscos la mente insensata
de relatos estúpidos, de niña malcriada
porque dejaste los versos perdidos en la conciencia.
No quisiste palpar con tu boca los sonidos
meláncolicos de una piel inconclusa, de un manto quemado
manchado de sangre, ensangrentado de coágulos
de ideales malinterpretados, de coágulos de sangre
de coágulos cancerosos de un toque de queda
en tu recuerdo, en tu casa en el toque de queda y el lamento.
No conseguiste atragantarme la lengua de desprecio
no te lanzaste sobre mi espalda con deshonor,
a reventarme un cuchillo con desorientaciones morales
tú te camuflaste en ridículos lamentos, lamentos vagos
te acobardaste de meterme la lengua hasta las entrañas
para ahocarme de un beso, de tus tripas, en las entrañas
Y era en el lugar más recóndito de tu sexo
que opacabas con escuálidos reflejos
los suspiros y las palabras indómitas, las palabras
las palabras sórdidas y me mordías la carne cruda
fría, sin risa, fría, sin destellos de amor, fría,
perversa, y me rasguñabas las heridas de dolor.
Pero no era forzoso que supieras lo que recobraba
bajo la almohada mientras dormía o me hacía la dormida
y tú te hacías la despierta pero tenías los ojos abiertos
que era onírica la sangre y los besos eran inalcanzables
para tus cicatrices de madre sin ser madre
de madre malcriada porque aún no has crecido
porque no sabes nada.
con inocencia de gente malcriada con encantos de locura
malcriada y tus relatos arrítmicos y tus versos neurálgicos
de descontestos fatales y un coma diabético
y un cáncer de huesos y un color en las mejillas con sabor
a carne cruda, con olor a carne cruda, con vestigios de carne, carne cruda.
No te canté con delirio porque necesario aún no era
tú me mirabas con desconcierto frente a la voz perversa
de mis ojos que te irritaban, de mi nariz que te penetraba
las entrañas y comía a mordiscos la mente insensata
de relatos estúpidos, de niña malcriada
porque dejaste los versos perdidos en la conciencia.
No quisiste palpar con tu boca los sonidos
meláncolicos de una piel inconclusa, de un manto quemado
manchado de sangre, ensangrentado de coágulos
de ideales malinterpretados, de coágulos de sangre
de coágulos cancerosos de un toque de queda
en tu recuerdo, en tu casa en el toque de queda y el lamento.
No conseguiste atragantarme la lengua de desprecio
no te lanzaste sobre mi espalda con deshonor,
a reventarme un cuchillo con desorientaciones morales
tú te camuflaste en ridículos lamentos, lamentos vagos
te acobardaste de meterme la lengua hasta las entrañas
para ahocarme de un beso, de tus tripas, en las entrañas
Y era en el lugar más recóndito de tu sexo
que opacabas con escuálidos reflejos
los suspiros y las palabras indómitas, las palabras
las palabras sórdidas y me mordías la carne cruda
fría, sin risa, fría, sin destellos de amor, fría,
perversa, y me rasguñabas las heridas de dolor.
Pero no era forzoso que supieras lo que recobraba
bajo la almohada mientras dormía o me hacía la dormida
y tú te hacías la despierta pero tenías los ojos abiertos
que era onírica la sangre y los besos eran inalcanzables
para tus cicatrices de madre sin ser madre
de madre malcriada porque aún no has crecido
porque no sabes nada.
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