lunes, noviembre 1

Efecto Mariposa

Se ha dicho que algo tan insignificante como el aleteo de una mariposa, puede causar un tifón al otro lado del mundo.

A veces es mejor cuando la gente termina o cuando acaba de raíz las relaciones aunque, en verdad, poco valen esas determinaciones, sólo dejan las cosas un poco más claras. Esas designaciones de "qué ser" y "cómo ser", de comenzar algo o terminarlo, si al final las cosas se dan o dejan de darse, como el aire, como el viento, como el mar y en un vaivén arrítmico que va y viene porque nadie debería darse explicaciones.

Volamos libremente...

Pero todo marca, o deja de marcar, una palabra insignificante marca un momento, detiene el tiempo, acelera las palpitaciones, tartamudea la voz, incendia las emociones y todo con algo muy simple. Algo tan sencillo que arroja en una teoría del caos un poco fatalista para quien no sea capaz de sobrellevarla; reconciliadora para quien sea capaz de construir.
A veces es mejor cuando la gente termina con todo, cuando las barreras mentales son grandilocuentes, cuando la última vez se concilia con un último beso, una última entrega, un último abrazo, un último te quiero, porque sabemos que no habrá más. Así son mejor las cosas porque en verdad saberse esperanzado, saberse en la cuerda floja, saber que las cosas pueden volver a ser algo que nadie espera pero que todos lo esperan, es gastador, agotador, no reúne energías, las desperdicia.
Por eso es mejor conocerse de nuevo, comenzar otra vez, como si cada vez, cada día, cada instante fueramos de nuevo, algo neonaciente en el universo.

Como en las películas...

A veces, pienso, que fue un error: nunca debimos conocernos.
Nunca deberíamos habernos conocido, nunca deberías haber encontrado mi sonrisa, nunca debería haberte mirado a los ojos. Nunca deberíamos haber empezado a cantar; no nos habríamos encontrado...
Pero, ¿qué tan así son las cosas? ¿Cúal es el comienzo de todo?
Creo que la vida demandaba encontrarnos alguna vez, en alguna parte.
No tenemos porque buscarnos ahora, pero lo seguimos haciendo y siempre dejamos todo inconcluso y desordenado. Sin sentirlo, sin la agonía de encontrar algo perdido, encontré lo que buscaba cuando te conocí a ti. Y me perdí en tu sonrisa... y morí, un día de primavera. Tú no moriste en soledad!

Si talvez, nunca te hubiera hablado. Si talvez nunca hubiera escuchado tus risas ni hubiera mirado a mi alrededor, como antes solía hacerlo. Si talvez hubiese sido despreciable y te dijera que no me interesaba en absoluto conocerte, como era lo que en verdad sentía al comienzo, de todos aquellos que insistían en conocerme, como muchas veces lo hice con otros, talvez nunca nos hubieramos enamorado. Nunca hubiera descubierto en ti eso que me hizo amarte descontroladamente. Pero ambas caímos y fue inevitable.

¿Y ahora, tenemos el poder de decir basta?

Yo prefiero olvidar que te conocí, así, no sufres más por mi.
Jamás podré entreg(arte) lo que buscas, amor.

Esta teoría del caos nos fundamenta en un límite espacial inconcebible para nuestro amor.
No hay ciencia cierta, no hay lógica alguna.

Pero a mi me queda el arte, doncella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Desintegre sus ideas en una cuota amena de sílabas ansiolíticas para incentivar la creación. No se asuste, la palabras no pican cuando se está drogado.

Andrés nació poeta

Andrés nació poeta