Habrá que cocinar corazones desmedidos, porque no queda nada más que preparar.
Hay hambre de amargura en casa y siento náuseas por inhanición.
Tendremos que rebanar despacio cada parte, sangra con facilidad y temo que el susto cercene las manos, los dedos, las cicatrices y todo lo que tenga contacto con el alimento a cocinar.
Talvez el error fue descubrir el pensamiento, es un arma mortífera.
Talvez el descuido se llamó razonamiento y nos acuchilló las entrañas de la psicología inversa.
Talvez sea un error de cálculo, un error de espacio, de época, de hombres aptos, que son ineptos, que son incapaces de evitar el desangramiento pectoral, cada vez que la cabeza se agita por nuevos estímulos cognitivos.
No me siento con la lucidez mental para delimitar los acontecimientos puros del masoquismo encadenado a huída de otros.
Muchos preferimos huir de espíritu pero también se encuentra encadenado a los anatemas escritos en las paredes del laberinto.
Hay hambre de amargura en casa y siento náuseas por inhanición.
Tendremos que rebanar despacio cada parte, sangra con facilidad y temo que el susto cercene las manos, los dedos, las cicatrices y todo lo que tenga contacto con el alimento a cocinar.
Talvez el error fue descubrir el pensamiento, es un arma mortífera.
Talvez el descuido se llamó razonamiento y nos acuchilló las entrañas de la psicología inversa.
Talvez sea un error de cálculo, un error de espacio, de época, de hombres aptos, que son ineptos, que son incapaces de evitar el desangramiento pectoral, cada vez que la cabeza se agita por nuevos estímulos cognitivos.
No me siento con la lucidez mental para delimitar los acontecimientos puros del masoquismo encadenado a huída de otros.
Muchos preferimos huir de espíritu pero también se encuentra encadenado a los anatemas escritos en las paredes del laberinto.
No hay
nada
en ninguna ninguna parte
que nos salve de
la vegetabilidad mental
del estado de coma
del infarto cerebral
de la trombosis cardiaca
y el estallido de un coágulo acumulado
por horas, días, meses, años.
no hay nada porque cuando dejamos de sonreír, se nos cerraron los ojos, se rompieron los tímpanos y el tacto se impacientó de insensibilidad y no queda nada, que nos haga sonreír.
Por eso matamos al corazón, es más fácil.
nada
en ninguna ninguna parte
que nos salve de
la vegetabilidad mental
del estado de coma
del infarto cerebral
de la trombosis cardiaca
y el estallido de un coágulo acumulado
por horas, días, meses, años.
no hay nada porque cuando dejamos de sonreír, se nos cerraron los ojos, se rompieron los tímpanos y el tacto se impacientó de insensibilidad y no queda nada, que nos haga sonreír.
Por eso matamos al corazón, es más fácil.
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