A ella le gustaba desvertirle los pelos crispados de la cabeza y a él le gustaba desnudarla completa. A ella le gustaba deshojarle las pestañas a cosquillas traviesas y a él le gustaba penetrarla con los ojos en vela. Ella siempre le preguntaba si se hacía un idea de lo que ella le estaba diciendo y él le contestaba que le hacía una foto a sus pensamientos. Ella era poema y el fotograma. Mientras ella transcendía, él perpetuaba.
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ResponderEliminar(Hola, sí, todavía paso por aquí c: Te amo, estúpida, aunque no lo diga muy seguido L*)