Hoy en día, en medio de la controversia por la educación.
Marchas por 5 meses, tomas, paros, huelgas de hambre (que algunos olvidan), barricadas, piedrazos, lacrimógenas, lienzos, pintura, carnavales y ansias de libertad.
Hoy en día, abajo se indefine el diálogo.
Un díalogo maltrecho, un diálogo sin proyecciones ni bases sustentables. Argumentos falaces de aquellos que se hacen llamar la clase política que más bien son la clase cosmopolita neoliberal y enriquecida, con el sudor de mis abuelos, mis padres, mis ascendientes y esperemos que no mis descendientes.
Salimos a marchar, a jugar a la marcha entre carabineros subordinados que disfrutan del repliegue en la batalla campal. Agobiados por el sudor interminable y el aire irrespirable. Nos atentadoron infinitas veces con sus gases, su orina y su caca, como si fueramos güater o alcantarilla. Parecía de veras que los zorrillos se cagaban mientras avanzaban a reprimirnos, parecía de veras que el guanaco se meaba en nuestras cabezas...
Y con mis padre y muchos otros no hayamos otro refugio que una iglesia. La casa del señor.
Mientras el cura realizaba la misa, éran miles afuera, en distintos puntos de la capital, que luchaban por no sucumbir ante los pocos modales de las fuerzas especiales que se cagaban en nuestros zapatos. Éramos decenas dentro de la iglesia esperando a que calmara un poco la commoción, porque no se podía ni caminar afuera. Pacos replegados en todas las vías de escape, gases lacrimógenos por los tubos de sus móviles contaminantes y represión, represión, mucha represión.
El cura seguía realizando la misa, a pesar de lo irrespuetuoso de la coyuntura y nosotros tosíamos y lamentábamos los ojos de irritación e interrumpíamos la misa, y el cura cantaba y las señoras también, mientras nosotros tosíamos y mirábamos hacia afuera esperando que esa nube tóxica, se alejara del lugar.
Con mi padre, sacamos fotos durante todo el rato. Hartas, muchas. Pacos indignados, estudiantes corriendo, abuelitos gritando por una mejor educación y todo lo dejamos registrado en una cámara celular.
Hasta que la iglesia se le ocurrió reprimirnos.
Lo que es la vida, las vueltas del destino. Lo que es la suerte, el éxito interrumpido.
Extrañamente, la cámara celular se bloqueó. Intentamos sacar fotos adentro, pero nunca más resultó. Incluso después de salir. Como si Dios y su hijo y quizá hasta la virgen nos hubieran castigado con los lazos de la cruz.
Yo no digo que Dios no exista, pero de que es facho, no lo puedo negar.
Estoy preocupada, después de esto, seguro me voy al infierno.
Y yo que creía en un Jesús anarquista.
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