Un pez encandilante palpitaba en tus brazos, cuando decidiste que la mejor opción era cortar las flores del jardín.
La fertilidad del huerto, no es suficiente-. comentaste y yo me quedé con el augurio de gatos maullando a quebranto en esta noche tan muerta.
Los gatos, sacaron todas las plantas, te conté? Rompieron todos los tallos y hojas que plastaste en el jardín. Aún así, tu aroma impregna la muerte...
Con tus manos congeladas, llenas de escarcha y brillo, recogiste tu rostro de entre las últimas flores y te levantaste un poco adormilado para caminar con probabilidad decisiva. En ese crujido de campanas, me dejaste sin los mares de tu geografía y marchaste a otra habitación.
¡Adiós!-. grité muy fuerte.
Y tapé mis ojos, que estaban desnudos.
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