necesitábamos, nos
en un complemento de bases triángulares
de tanto perseguirnos
tú en un punto
en el vértice
en la esquina.
de tanto jugarnos hasta encontrarnos
yo en un punto
en la esquina
en el vértice del otro punto
triángulo geométrico
y tan sólo por un vértice, separados
perseguirnos hasta agotarnos
hasta el círculo
hasta el eterno
circular
de la muerte
de mimetizarnos
en un punto mínimo exacto
de convergernos
para encontrarnos
y hacer el amor
hasta que el sudor
reclamara cansancio.
y nos emborrachamos de la poesía
romántica y turbulenta
del complemento
de un nos, nuestro.
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