domingo, septiembre 5

nihilismo

en una pieza de libros y comparsas
de amigos y melodramas
compuesta por anécdotas arrítmicas
bradicárdicas, taquicárdicas
jugábamos legos, jugábamos con los plásticos
de colores y formas que encajan.

jugábamos con el cinturón de asteroides
y las nebulosas del parque del recuerdo
júgábamos con los meteoritos del teatro
y las supernovas en estreñimiento.

jugábamos a la anatomía de vanguardia
y a las imitaciones de reflejos innatos.
júgabamos con la astronomía
y la fisiología del asesinato.

en una pieza vacía de libros en blanco
sin sobreesdrújulas, sin crucigramas
incolora, inarmónica, inolora
de comparsas silentes
se asentaba un espacio evocado en la nada
dibujado de matices trasparentes, inherentes.

la cataplexia de los latidos silábicos
y los puzzles en blanco
los conocimientos vacíos que reinaban el espacio
la incomodidad ante las telecomunicaciones
la ventana entreabierta y el aire asfixiante
controlaban el orden intraestelar imperante.

algunos se retiraban desprevenidos
en tono de avance;
el aire asfixiante que entraba por la ventana
y la soledad incondicionada de la condición humana
configuraban el camino propio del ser enajenado
de la habitación
y sus vacíos conversados
de la sabiduría embriagada
de pubertad racionalizada.

el campo visual
reducido a un límite habitacional
de mala muerte,
de sangre infectada e higiene insalubre
pero con una presbicia glaucómica
en la percepción ocular
y la perspectiva indirecta
de concedernos un engaño visual
en un lugar sumido en la carencia
de las similitudes predestinadas
creaban un ambiente de insuficiencia cardíaca,
insuficiencia mentalizada.

las palabras convertidas en ondas insonoras
las melodías convertidas en correcciones de hoja
los olores sumergidos en agua destilada
las palpitaciones inmersas en cataplexias inconstantes
los colores escuchados en frecuencias ultrasónicas
y el cuerpo catártico con vacíos recurrentes.

y es que en el pentagrama, nunca fue escrito.

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Andrés nació poeta

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