Erase una vez una cuerda floja.
Érase también, una vez, una dimesión, una altura, una meta.
Un día cayó la cuerda y la trapecista no voló.
Quedó suspendida.
Érase una vez un gorrión.
Érase una vez un cielo.
Érase también, una vez, una estrella, un espacio y un futuro.
Un día, la estrella cayó del cielo y el gorrión la acompañó.
En las alturas se encontraron.
Pero el gorrión no quedó suspendido. Le enseñó a volar.
A veces, la trapecista vuela. Otras, se supende nuevamente.
Lo bueno es que se convirtió en árbol.

Es díficil jugar a ser demagogo y suspenderte cuando a tu cuerda suspendida se le arrebata la mente. Es bueno cuando aceptas salir del círculo.
Mapi, te quiero mucho :B
ResponderEliminarYa te dije que por eso me gustas :)
(Jojo)