Miraba como aturdida, mientras esperaba una llama de furor aparecer, los metros pasar, los minutos agonizantes de un día, como hoy, sin salida, incierto, involuntario.
A pesar de que decidí cambiar mi no-rumbo y establecerle un nuevo no-rumbo, la verdad es que ni yo tenía muy claro que nuevo no-rumbo tomar.
A cada segundo y con cada paso que daba mi futuro se destruía del anterior un poco más. Cambiaba, dinámicamente y de verde pasó a azul, negro o talvez rojo. Creo que incluso en un momento fue amarillo su color. El punto es que tan involuntariosamente malo ya no era.
Pero antes de cambiar mi nuevo no-rumbo. Esperaba en una escena casi lúdica de gente correr, atropellarse con sus bolsos/bolsas/moles o bolas de carne y sin el menor cuidado pasar a llevar toda la integridad de los peludos cuerpos de sus "sem-ejantes". Entonces miré, desde arriba, como suelo hacerlo, el vacío que dejaba el metro al retirarse infraganti ante el sonido molesto ese. Y vi como el vacío me llamaba a bordearlo. Sentí como el vacío me inspiraba a abordarlo. Inpiré como el vacío me insinuaba su nombre.
Y fue entonces cuando me decidí al impulso y me dejé caer.
De pronto mi mamá grita: ¡Catalina! Apúrate, que estamos atrasadas.
Sumergida en el mismo mar de gente.
Creo que mas que quererme soy un jeguete para experimentar :] Hoy desperte y supe que hoy no era yo y tu no eras tú...
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