Era en el otoño, una vez, caminando a paso lento, una niña muy traviesa.
Un día se quemó su casa, se destruyó su familia, se extinguió su aska y se perdió en el tiempo.
Vagó sin rumbo. Durmió bajo un puente. Se en-toxicó con la lluvia y se en-fectó de gente.
Pero la brisa invernal le regaló unas flores encondidas bajo la nieve.
Entonces la lluvia ya no le entorpecía el camino sino, más bien, le abriá paso hacia el no-rumbo.
El ana-cronismo de su vida se había convertido en predicado de una oración sin sentido. Y su aska re-naci-ó de entre las espigas del un relámpago.
Entonces enderezó su cuerpo, miró hacia el cielo, abrió los brazos con las palmas hacia el universo y luego de un suave suspiró, entonó una canción.
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