Yo antes pensaba que alguna vez podría
encontrarte.
Era una mísera palabra la que debías pronunciar para que todo lo pasado se hiciera presente.
Pero yo
preferí callar, por horas, por meses, por siglos.
Por vidas.
Por muertes.
Y de ti, se apoderó la impaciencia.
Siempre me dijiste que no eramos distintos. Que tú si me entendías. Pero tú jamás lo hiciste. Jamás comprendiste nada, ni tampoco escuchaste. Pero tampoco yo lo hice.
Yo nunca supe quererte ni extrañarte.
A veces, yo creía, que eras un sueño, que no existías.
Yo me quedaba dormida para encontrarte, para sentirte; mi anhelo se hacía tan fuerte, tan inmenso.
La pasión se apoderaba de mis sentidos y la cordura me abandonaba por completo cuando entrabas en mis pensamientos.
Me costó tiempo, mucho tiempo
lograr controlarme ante tu presencia.
Pero como yo creía que eras un sueño,
te desvanecías.
Y mis impulsos, quedaban enjaulados en un espacio perspicaz,
de cohesión y lógica.
Porque yo creía que nunca.
Y tanto lo creía que se convirtió l a e s t r e l l a e n u n "n u n c a".
Y lo que yo quería era música. Pero desconecté los parlantes y me tapé los oidos. Apagué la luz, enceguecí al sol y cerré mis ojos. Para encontrarte en un sueño.
Para nunca comunicarme.
Nuestro encuentro, fue un punto ciego, amor.
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