martes, febrero 1

El significante de la voluntad.

En el celular su nombre está escrito con el nombre de "No lo llames" pero ella igual lo hace.
¿Cúantas? Ya lleva 10, 5, 20, 30, quien sabe. Si tampoco es cierto que lo llama. Tantas veces a discado el número que ella cree que no lo está llamando, que su celular se marca solo, como si un botón de rediscado se apretara cientos de veces y continuara la acción una y otra vez. Ya lleva 30, 35, talvez ya son 50 las llamadas perdidas.
Sí perdidas, así como todo el nombre lo puede decir, en cada aspecto del lenguaje y del sentimiento. Perdida la espera, el tiempo, el momento, el lamento, la crucifición de releer por enésima vez lo que ella dice la última un "no lo llames". Y si contesta? pérdida cualitativa, enormemente perdida. Sólo atinará a descontrolar su poca voluntariedad y hará ganar al tormento con su angustiante impulso maltrecho, fantasmas oblicos, sonidos adustos, caterva de murciélagos, muñecos rotos, zapatos en desuso y todo en una misma habitación, mientras el telefono suena con un discado en espera que perdida encuentra la molestia de volver a discar, como por costumbre, rutina, inercia, habitualidad, una y otra vez el mismo número telefónico con sombrenombre de sombrero herido "no lo llames, no lo llames".

NO LO LLAMES, NO LO LLAMES!

Ya son 65 y la batería del celular se acaba. Comienza a quedarse dormida mirando como hipnotizada el aparato mientras suena por última vez con un pitido absurdo "recargue su batería" y luego se va a negro, como sus ojos húmedos y refrescantes. Y casi como si fuera una coartada apostrófica, se dice con los ojos cerrados "qué lastima, yo sólo quería decirle buenas noches"



1/06/2011

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Andrés nació poeta

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