Me llamaste ayer
y cuando no
y cuando yo sí
como si existiera la teoría
de un amor minimalista.
Recuerdo sin recordarte
y mirarte bajo la sombra
de un árbol
o una banca
jaspeada, manchada, recobrada
de enigmas y de sangre coagulada
y de mentiras, o más bien,
pasiones.
Recuerdo eso sí que sí
de que él te miraba
y de como nos miraba
y de como no nos miraban
y de como no me importaba, ellos.
'Y olividé lastimarte cuando fue tu culpa'
¿o mío, el desprecio?
'Tu también me hiciste daño', me comentaron.
Y me acordé de dejarte una carta
bajo la almohada
y el café y el pan con mermelada
que nunca me gustó
y el tomarte la mano
que tanto me costó.
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