lo bueno de llorar son las lágrimas,
la sonrisa perpetua de las hojas caídas en primavera
el invierno de las rosas deshonrosas
húmedas como la mejilla pálida
del que llora.
lo bueno de llorar son las amapolas
que plácidas se alojan en los ojos
emitiendo comentarios acérrimos
en las porosas localidades del lenguaje
del que habla.
lo bueno también son las palabras
las que se posan en la sonroja del impaciente clamor
del un espejo universo sin verso
incendiario como el clamor revolucionario
del que lucha.
lo bueno de llorar es que lloro
en la sombra fotofóbica de ésto que no es amor
por ese último beso escondido en el desván
de las imaginaciones apabulladas en lágrimas
del que ama.
lo bueno de llorar es la lágrima
que brota en un secreto de los ojos silencio
perversa e impaciente en inmediatez
catégorico en eternidad unísona de fotograma
del que retrata.
lo bueno también es la indigencia
lo bueno también es la utopía
lo bueno también es la locuacidad
lo bueno también es la inocencia
del que llora.
lo bueno de llorar es que lloramos
en discreta armonía con el viento rey
y la sangre se coagula despacio
esperando sucumbir ante el violento espacio
del que no está llorando.
porque las lágrimas cayeron en rosas
deshonrosas de dulce miel roja
por los que lloramos con lágrimas grises
en el invierno imperante de flores en las manos callosas
que es por lo que lloramos, ahora.
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