No tiene sentido porque te vas y me dices que volverás, no tiene sentido porque me preguntas a mi si aún quiero que vuelvas y no tendrá sentido si vuelves porque no será verdad.
¿Acaso ahogaste los sueños de ser estrellas del rock? ¿Acaso agotaste las entradas del concierto en que seremos la banda que abrirá el telón?
Yo hace mucho que tengo intenciones de irme, no de ti, no de nosotras, no de los juegos; yo aún me quedaría en ti porque eres más que un simple evento, un simple espacio, una simple sílaba.
Pero tu sonrisa se vuelve despreciable a mis ojos cuando me acuerdo de tu ingratitud.
Yo me iré lejos y no me quedaré contigo porque me perdiste en el pantano. Cuando el club se tiró a las aguas turbias de un pozo en el lúgubre entrepiso de una casa abandonada, nos tiramos todos juntos, nos morimos todos de una vez, se nos olvidó tomarnos de las manos porque creíamos que el pantano no sería tan oscuro; nos lanzamos, para salvarnos o para ahogarnos, es algo de lo cual ninguno tenía claridad pero nos atrevimos, aunque nos equivocamos. Tú, en cambio, saliste corriendo, huiste de la penumbra, te dio susto la sórdida habitación y corriste tan rápido que no alcancé a despedirme, tan veloz que no alcanzaste a mirarme por última vez y me perdiste, me perdiste a la orrilla del pantano.
Pero yo prefiero quedarme muerta en el pantano y encontrar la forma de salir de él que salir corriendo como tú lo hiciste. Es muy probable que lo hayas hecho porque no eres como nosotros, porque nunca fuiste parte de la pandilla, porque nunca mostraste interés, porque tus vicios te consumieron, porque no hay disociación en tu cabeza, porque prefieres quedarte sentada fuera de las multitiendas y de los programas de televisión. Siempre te quedaste sentada escuchando la radio y no cantando la canción, porque nunca entendiste la negación ni viviste de una flor, tú, preferías cerrar los ojos y agruparte en masa.
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